Soy editor, escritor y seguidor de John Keel. Escribo sobre ovnis de la misma forma que antes lo hacía sobre zombis, poseídos y hechiceras. Autor de "Post Mortem", "La hamburguesa humana", "La carne no está en venta", "Conexión ADSL" y "La sombra del felino"
Fotograma de la película El exorcista, de William Friedklin
Encontramos en la obra de William Peter Blatty una profusión de ideas concretas en torno a la psicología y la teología. Al inicio de la historia no sabemos si la niña Regan se comporta de una forma tan peculiar debido a fenómenos extremos de la mente o a un ente que coordina cada uno de sus movimientos. En todo caso es lo extraño, lo numinoso, lo que se caracteriza por abanderar la obra del escritor. La teología toma relieve en los diálogos del padre Karras con el supuesto demonio, conformando una variante de monólogo en el que es el demonio quien expresa su frustración ante lo acontecido en la mitología cristiana. El diablo no está representado por la visión romántica de Doré, ni por la belleza que quiso mostrar Anne Rice en Mennoch el diablo, sino que son las bajezas más abyectas y la corrupción del cuerpo humano los elementos que caracterizan el comportamiento del ente.
Este quiere hacer ver a la humanidad que no existe la esperanza en una supuesta salvación, que Dios no acude en pos de nadie y que corromper el cuerpo de una niña no es algo que deba molestar al oponente del creador, pero sí a quien cree en él. De esta manera manipula el inconsciente colectivo mediante una serie de características que definen la posesión en una persona; la fuerza extrema y el conocimiento de lenguas extintas forman parte de la puesta en escena del demonio, quien en la obra, mediante el engaño ha conseguido penetrar dentro del cuerpo de la joven poseída. El diablo es mentiroso por norma, así que nunca sabes si deviene en enfermedad mental la constitución de hechos y factores fuera de lo común, como los dos mencionados con anterioridad o si se trata de una posesión real. Y así sigue siendo, puesto que el mito supera a lo que necesitamos definir como real.
El impacto de la profanación de un cuerpo joven, casi inocente, sin apariencia de antecedentes que impliquen términos como doble personalidad o histeria, son suficientes para minar la moral del exorcista, de aquel que trata de redimirse o de salvar el cuerpo que contiene a la cosa-Regan. Nos preguntamos porqué le ocurre a una chica que apenas a vivido, porqué el diablo necesita aniquilar algo tan puro. Simplemente por el mero de hacerlo, para mostrar un poder que nunca va a conseguir, puesto que necesita del recipiente para poder mostrar el contenido. El diablo es provocación, al igual que en la mitología se muestra la rebelión de los actos como consigna para glorificarse, para rechazar la doctrina impuesta son la teatralización de alguien que necesita ser admirado.
Cara demoníaca que aparece en un fotograma de la película El exorcista, de William Friedkin
La posesión es simplemente un acto de soberbia, una escena teatralizada del poder de un ente repudiado, alguien poderoso, por cierto, pero que no goza del público que necesita. Este ejemplo sirve a modo de reprimenda para aquel que no sepa vislumbrar su propio camino, y con este tipo de lenguaje el devoto a Dios justifica sus actos y señala todo aquello que no le agrada.
Pero la moral cristiana y la creencia en un Dios hace años que se va diluyendo con el tiempo, y es el alzar la mirada y creer en mundos desconocidos lo que ha hecho sustituir esa profunda creencia por otros dioses que, según algunos, vendrán a reparar el error del ser humano. Pero todo esto no es más que dar vueltas en torno a un mismo eje; creer en algo que puede redimir nuestros errores en lugar de enmendarlos por nosotros mismos.
A mi parecer hay una delgada línea que separa nuestro mundo de algo que no podemos comprender, que se nos muestra de distintas maneras mediante platillos volantes o espíritus que atraviesan puertas, y ese lugar no puede ser apreciado en todo su esplendor con la limitación de nuestras herramientas. Somos incapaces de comprender porque no podemos concebir aquello que no podemos ver ni explicar. Pero los elementos que están más allá de esa línea de vez en cuando tratan de comunicarse con nosotros, y buscarán aquello que más temamos o más admiremos para captar nuestra atención. ¿Acaso no somos seres pensantes que buscamos explicaciones para todo? Incluso buscaremos la pregunta a aquello que tenemos enfrente tratando de explicarnos lo que nunca podremos comprender.
Imagen de un supuesto ovni
Existen diversas teorías que implican a la humanidad como a seres implementados en el planeta pero que no provienen de este. De la aparición de otros seres provenientes del cielo que nos dicen que somos especiales, que poseemos una luz que nos hace distintos, pero todo esto, quizás, no sean más que palabras para que el hombre siga sintiéndose especial. Lo que unos buscan destruyendo para demostrarse a si mismos que son poderosos, distintos, otros lo hayan rebuscado en el espacio, implorando a las estrellas que necesitamos marcar la diferencia.
Es por esto por lo que hemos inventado monstruos y hemos etiquetado enfermedades mentales cuando quizá todo sea un aproximamiento más a esa delgada línea que nos separa de la oscuridad más aterradora y la vez, más reveladora. En realidad, quizá todo sea una cuestión de sensibilidad, y que aquellos que no la poseen se encargan de retener a los que sí pueden ver algo más. ¿Es la enfermedad mental un demonio? ¿Es el demonio fruto de nuestra mente? En todo caso lo mejor es no prestar demasiada atención a las teorías, aquellas que pisotean la evidencia mediante el uso de la ciencia mal aplicada y sí observar aquello que vemos, que se percibe como un demonio o como un ser surgido del espacio.
Es curioso como todos podemos visualizar un demonio o un alienígena, pero casi nunca hayamos visto uno, de ahí que la mayoría podamos pensar que todo son juegos para niños, trucos de magia barata para engañarnos, cuentos para no dormir. Pero no escuchamos a quien haya podido experimentar con lo oculto, con aquello que sí que han podido ver algunos, y por eso se han creado a los monstruos con las mismas características, porque no tenemos más medios para verlos mejor, porque no disponemos de un espectro más amplio para poder comprenderlos.
Howard Phillips Lovecraft relató innumerables historias acerca de misteriosos personajes que se encerraban en granjas, edificios o extrañas casas de madera para ritualizar su existencia, su descontento con el mundo que habitaba. El reflejo más obvio de su huida de la realidad lo encontramos en la novela “El caso de Charles Dexter Ward”, donde su protagonista, obsesionado con un antiguo familiar, busca la forma de vivir una vida pasada para sustituir a la suya. John Keel, autor de “Las profecías del Mothman», también tuvo sus momentos de encierro en granjas abandonadas o casas deshabitadas para investigar extraños fenómenos en la década de los setenta del siglo pasado. Pero la diferencia entre Lovecraft y Keel estriba en que el primero quizá fuera un “poseído” por su propia soledad, o tal vez alguien que solo tenía la opción de vivir en un mundo imaginado para escapar de sí mismo, mientras que el segundo tan solo quería saber, constatar lo que muchos habían proyectado o “vivido” mediante su propia experiencia.
Cabe decir que en la jerga de los contactados por entes que aparentan su procedencia, o que incluso provienen de ella, sus actos involuntarios (en el caso de Lovecraft, parece ser que su escritura deviene en acción evasiva), parecen ser orquestados por entes ajenos a quien es partícipe de ellos. Este tipo de personas son denominadas “usadas”, y sus acciones, al igual que sus cuerpos, parecen ser susceptibles a la posesión y a las alucinaciones controladas; poseen auras o radiaciones biológicas que atraen a elementos del superespectro.
Al igual que el contactado, Howard sentía todo tipo de arrebatos e impulsos que hacía trasladar a sus personajes; innumerables paseos nocturnos, visitas a extrañas viviendas a medianoche o contactos con seres de extraña procedencia. La obsesión de Lovecraft por la “huida a medianoche” era el reflejo de su miedo hacia la realidad. En el fenómeno ovni, cientos de contactados han sido engañados por otros hombres para creer que deben realizar extrañas misiones nocturnas en pos del beneficio extraterrestre. Estas personas han sido usadas para retroalimentar lo que otros muy probablemente han visto en su realidad. En el caso de los “usados”, no es sino el engaño humano, en muchos casos, quien se encarga de recordar que hay vida en “el otro lado”. Lovecraft inventó un mundo para evadirse, sin llegar al extremo de ser manipulado excepto por su propia mente. El acto de la escritura fue el que lo condujo a conducir a todo gas hacia lugares inimaginables, siendo en todo momento consciente de que necesitaba esa “realidad” para evitar la suya propia.
En el fenómeno del contactado, este no es capaz de diferenciar si está siendo usado, y es por esto que nunca recuerda lo que ha hecho la noche anterior, cuando se ha levantado de la cama y ha caminado en la oscuridad y se ha despertado al día siguiente con los bajos del pijama sucios de barro y los pies ensangrentados de haber caminado descalzo por el bosque. No tenemos indicios de que Lovecraft fuera “obligado” a escribir su propia huida, pero sí que podemos saber mediante sus escritos que era plenamente consciente de que se hallaba en un estado mental que lo obligaba a relatar sucesos de naturaleza, en muchos casos, ultraterrestre.
En el relato “El color surgido del espacio”, el protagonista se convierte en víctima de una abominable presencia extraterrestre, esta vez mediante el “erial maldito” que encuentra mientras trata de construir un embalse en un remoto paraje a las afueras de Arkham, cuyos aldeanos, víctimas del envenenamiento de una extraña sustancia que parece emanar de la zona afectar por el erial, sufren de un modo inexplicable. De por sí, Lovecraft ya conocía el comportamiento del abducido hasta rebasar los límites de lo que muchos abducidos han relatado en sus extrañas experiencias para, de alguna forma, explicar el desconocimiento del fenómeno mediante la descripción de extrañas metamorfosis y mutaciones sin sentido, producto de una mente capaz de dar sentido a lo que muchos han sido incapaces de entender. Toda la morfología de los monstruos lovecraftianos de alguna manera son el motivo por el cual el fenómeno sigue siendo un misterio, y no existe razón alguna para no poder mostrar una realidad alternativa creada a través de las sensaciones encontradas por lo numinoso en el relato lovecraftiano.
Lovecraft conocía de la existencia de los textos de Charles Ford, cuya erudición usó a modo de apéndice para seguir imaginando la realidad alternativa. Si la tradición ovni nos invita a creer en seres que viajan en platillos volantes, Lovecraft lo hace con entes invisibles, pero a la vez gigantescos, que se convierten en dictadores silenciosos, obligándonos a enmudecer ante su poder, a observar, por ejemplo, a decenas de animales mutilados igual que en algunos casos relatados por ganaderos argentinos en 2018, en Ojo de Agua, Santiago del Estero. Es curiosa la anticipación del escritor sobre ciertos casos con los que nos encontramos en la actualidad, así como las sensaciones similares de los protagonistas de sus relatos y la experiencia de muchos de los contactados por “hombres que viajan en platillos volantes”.
Ciertos paralelismos no son otra cosa que la anticipación de algunos autores en ciertas franjas de tiempo. Al igual que auguró Asimov con sus tres leyes de la robótica el auge de la robótica en los tiempos actuales, Lovecraft lo hizo con ciertas actitudes de lo desconocido con relación al contactado, a la víctima que habita en ciertas zonas que son atrayentes para cierto tipo de fenómenos. John Keel trató de corroborar los relatos que escuchó en West Virginia y que publicó bajo el título de “Las profecías del Mothman” para simple y llanamente, contrastar su experiencia con la del abducido. Para ello necesitó vivir un tiempo en la zona y escuchar a las decenas de personas que fueron lo suficientemente valientes como para contarles sus experiencias, algunas de ellas, refutadas por “extraños hombres vestidos con trajes negros”. Pero Lovecraft simplemente dejó que todo lo que revoloteaba por su cabeza fuera expulsado mediante el acto de la escritura para mostrar una realidad en el papel, no muy distinta a la que, años más tarde, experimentarían algunas personas de un modo casi inaudito.
“Los científicos son como personas en sillas de ruedas que necesitan una base firme para moverse”, afirma Ramsey Dukes en el libro S.S.O.T.B.M.E. Revisado Un ensayo sobre magia (Aurora Dorada), por lo que pone en manifiesto las curiosas teorías de Charles Fort en cuanto a extraños materiales provenientes del cielo, extrañas sustancias sin explicación refutada por el área científica para explicar ciertos comportamientos de lo misterioso. El 7 de junio de 1846, unas sustancias cayeron sobre Darmstadt (Alemania) siendo catalogadas como “escorias de hierro”, comportamiento repetido de lo numinoso en 1855 en Battersea, cuando una gran piedra fue encontrada en el interior de un árbol en los campos de dicha área. El hecho hace presumir distintas teorías, como por ejemplo el origen del material hallado (las cenizas de un volcán siendo llevadas por la fuerza del viento) o el enigma sobre cómo ha podido aparecer una gran roca en el interior del vegetal. Según Fort, en El libro de los condenados, “en la cuasiexistencia no existe nada más que el absurdo, o algo intermedio entre lo absurdo absoluto y la razón absoluta”, a pesar de que sea tan obvio el “absurdo” que muchas veces se toma como algo habitual. “Los métodos de la ciencia para mantener su sistema son tan escandalosos como los intentos de los condenados para romperlos”.
Edición de Aurora Dorada de S.S.O.T.B.M.E. Revisado, Un ensayo sobre magia
El fenómeno curioso en sí no es más que la imposibilidad de responder ante preguntas tan simples como “¿Por qué ocurrió?” “¿Cómo ha podido llegar este material aquí?”. Las respuestas unos las buscan en segmentos científicos cuando no hay una respuesta plausible, en el bombardeo de hipótesis basadas en el conocido razonamiento científico. Realmente no podemos comprender un área cuando en realidad no tenemos un conocimiento total de este, así que algunos “inventan demonios” y otros los maquillan con conjeturas.
Ramsey Dukes
El método mágico simplemente se encarga de buscar una solución, una conjetura válida dentro del marco de razonamiento comprendido dentro de la exploración, es decir, hallar respuestas que coincidan con la forma de pensar y existir de quien maneja la teoría. Pero esta puede moverse, cambiar, mutar en cualquier momento mediante la exposición del terreno, el cambio de visión de este y el aprendizaje. No tenemos una visión clara del conjunto hasta que dejamos de pensar en este. Los materiales que caen del cielo y las rocas comprendidas dentro del tronco de un árbol son fenómenos cuya explicación es muy probable que aún no esté definida. Es posible darle al fenómeno una proyección concreta para poder comenzar a desarrollar una teoría, así lo confirma el método mágico; el desarrollo de teorías a partir de la visión particular de quien se expone a la visión de los hechos que no conoce.
Pero los científicos exclusivistas afirman que los materiales que el área científica no es capaz de catalogar, en este caso la lluvia de cenizas no es más que un montón de fragmentos de carbón provenientes de meteoritos que casi rozan la órbita terrestre, pero ¿y si dicho material ya estuviera contenido en el suelo? Al encontrar algo en el suelo el razonamiento científico nos obliga a teorizar sobre su posible caída al suelo, pero en ningún momento la hemos visto caer, ya estaba en este. De ahí que comencemos a divagar hipótesis sobre cómo ha podido la misma tierra supurar dicho material, qué debemos pensar y cómo hacerlo ante dicho fenómeno. Esta es la diferencia entre el científico y el mago, este último afronta la fantasía como algo a tener en cuenta, algo que, quizá, pueda ayudar a entender el fenómeno.
Edición de Reediciones Anómalas de El libro de los condenados de Charles Fort
“Es más probable que un mago suponga, a partir de su experiencia en los mundos superiores, que cualquier problema debe tener una solución en algún lugar de la escala”. Dukes reafirma el hecho de que factores que no se nos han revelado de un modo científico, pueden servir a modo de refutamiento para extraer hipótesis que nos puedan servir a modo de muletilla para crear una teoría. El misterio de los diversos materiales encontrados en algunas zonas del planeta, no son más que la punta del iceberg sobre el inconmensurable misterio que nos rodea, siendo este, en ocasiones, analizado de un modo “poco convencional” por el practicante del método mágico (mago).
En cuanto a la visión del fenómeno, esta puede observarse mediante la ausencia de este para descartar posibles teorías erróneas (estableciéndose así la rotura de la cadena de sucesos científicos). Si descartamos la sustancia hallada en el suelo quizá podemos fijarnos en algún otro elemento que nos sirva para hallar algún tipo de pista. No tenemos sustancia en el suelo, por lo tanto, no hay nada que haya caído del cielo y tampoco que haya supurado la tierra; quizá así podemos encontrar una tercera opción que nos ayude a esclarecer los hechos. Mediante la ausencia concatenada a los hechos, implantada en el desarrollo, podemos encadenar (posiblemente), factores relevantes que nos ofrezcan un atisbo de lo que deseamos averiguar.
Ilustración de Charles Fort
“El pensamiento consiste al final solo en excluir e incluir, y en excluir cosas que tienen el mismo derecho a ser incluidas”, así pues, según Fort, ¿quién tiene una opinión real? Cuando hablamos en términos científicos y decimos expresiones del tipo “se asemeja a…”, ¿no estamos afirmando que no conocemos el origen de lo que estamos hablando? El desconocimiento no es más que una puerta a distintos tipos de pensamiento, incluyéndose en estos el pensamiento mágico, la inclusión de elementos que (aún) no podemos explicar a modo de invitación al desarrollo. Podemos visualizar a modo de mapa, de concatenación de los hechos que han resultado en lo que tenemos enfrente, del mismo modo que modificamos la realidad mediante un mapa trazado con un lápiz (tomar medidas y trazar esquemas, por ejemplo), para aproximarnos a la realidad.
Romper con el origen y el medio significa que hay movimiento, que lo que queremos conocer está vivo; en las transiciones radica el factor que mueve, que impulsa el proceso. La hipótesis vista desde ángulos insospechados puede adoptar tintes absolutamente reveladores, nuevos, aportaciones que algunos tildarían como genialidad o como si nos hubiera caído un rayo en la cabeza. Menospreciar tipos de pensamiento sería, en definitiva, menospreciarnos a nosotros mismo, puesto que haríamos disminuir las posibilidades estando estas tan cerca de nuestro razonamiento. Es posible una amalgama de distintas visiones para englobar un mismo suceso, simplemente es necesaria la apertura de mentes, pensamientos y entendimientos.
Lluvia de ranas
De ahí que todo lo que rompa con la continuidad, es un proceso evolutivo. Como ejemplo tenemos a Copérnico y el heliocentrismo, una rotura del pasado astronómico que no le dejaron publicar a no ser que “contara una interesante hipótesis”. La rotura de nexos y parentescos en los planetas destruye al nexo y los establece como individuos, puesto que cada planeta tiene un modo distinto de, por ejemplo, relacionarse con el Sol. Todo lo monstruoso y grotesco deviene de la rotura, de una quiebra del proceso que, aunque nos pueda parecer imposible, muta hasta convertirse en un elemento de lo que concebimos como normal.
Fort dice que “las cosas únicamente rompen una relación cuando van a establecer otra. Las cosas únicamente rompen con el cordón umbilical para aferrarse a la mama”. Dukes simplemente nos muestra un camino distinto mediante una sencilla fórmula: la apertura de horizontes en cuanto a tipos de pensamiento. La explicación de los hechos no siempre sigue un patrón científico, a veces lo inverosímil crea una concatenación totalmente insospechada cuyo resultado deviene en lo que se nos muestra ante los ojos de un modo que tildamos de inaudito.
El investigador Pedro Amorós, se encuentra en estos momentos buscando una manera de contactar con la vida que habita en el universo. Se ha hablado de la relación entre psicofonías y vida ultraterrestre (léase a John Keel en “Operación Caballo de Troya), así que el señor Amorós está buscando la relación entre el misterio de lo parapsicológico y el misterio de otros posibles mundos. Mediante la electrónica y sus conocimientos, basados en la energía modulada que proviene del exterior y con la ayuda de Frank Sumption, creador de la Spirit Box, se está confeccionando una máquina cuya utilidad es la de efectuar psicofonías mediante la emisión de notas musicales. La base energética sirve de puente para que las entidades modulen.
El nexo común para establecer la conexión es la conjunción de frecuencias determinadas basadas en generaciones de frecuencias capaces de otorgar energía que modulen sonidos muy similares a las escritas en las partituras. Las transmisiones telepáticas intervienen en la otra dimensión de la misma manera que lo hace la telepatía, la parapsicología o la precognición. La psique humana es fundamental para poder establecer dicho contacto y de ahí la investigación de dicha máquina a modo de canalizador para poder “escuchar” a entidades de otras dimensiones.
Pero lo que entendemos por otras dimensiones en realidad forman parte de un todo, son las escasas capacidades que nos capacitan las que en realidad nos desarman para poder comprender el conjunto general y así, la totalidad de lo que nos rodea.
La explicación por la que, por el momento, se pueden captar psicofonías con capacidades de grabación amplias y buenas distancias de captación, a pesar de sus dificultades, bien quedan en cuestión a la hora de concentrar los sonidos con pequeños micrófonos que, en realidad, son capaces de concentrar frecuencias mucho más identificables por el efecto de filtraje que lo que hace es generar una variante de presión que facilita la captación de contactos poco corrientes.
El embudo de sonido es capaz de ser modulado más concretamente con bandas de frecuencia mucho más anchas. Hay veces en las que usar aparatos sencillos para captar las frecuencias de lo insólito son mucho más plausibles que sistemas mucho más sofisticados.
Lo que trata de demostrar Amorós, no es sino la economización del sistema en contraposición con la sofisticación de este. Las grabaciones de varios investigadores de psicofonías bien lo indican; las grabaciones son mucho más claras con micrófonos incorporados en aparatos de grabación porque la adaptación de la impedancia del micrófono incorporado está adaptada concretamente para la grabadora, siendo esta la óptima para la captación de comunicaciones poco corrientes.
Cuando llegamos al momento en el que podemos alimentar la falta de calidad, podemos concretar y apreciar las comunicaciones como si las captaciones de sonido en micros pequeños quedan totalmente concentrada y filtrada, aumentando la “presión” de sonidos que sirve para clarificar y establecer una forma más clara de escucha. Esto puede ser demostrado en modelos de teléfono fácilmente accesibles para el público en general con 44.100 kHz y grabar sesiones de dos minutos como máximo. Gracias a tarjetas de sonido, fundamentales para la concentración de sonido, se pueden llegar a captar psicofonías.
Por el momento, Pedro Amorós sigue con sus pesquisas para poder establecer un canal de contacto definitivo con entidades que muchos creen de otros mundos y otros entendemos que forman parte del nuestro, el que vivimos.
Nada es igual después de leer a tipos como Keel o Valleé. No existe otra manera de interpretar películas de humanoides con capa que la del posible acercamiento del hombre con lo ultraterrestre. Si este último se esconde bajo el disfraz de la nada, de la incomprensión, del botarate de traje negro y peinado curioso, cualquier teoría explicada mediante libros sensacionalistas o películas de increíble presupuesto cae de su pedestal para estrellarse contra el suelo y hacerse añicos. Ya no me hace falta ver una nave descendiendo del cielo para creer que no estoy solo en el universo. Con la simple constatación de que soy un ente formado por energía, puedo llegar a saber que otros existen fuera del planeta y se están preguntando lo mismo. Es probable que los imagine de algún modo. Seguramente me esté construyendo en este momento un esquema de como debería ser esa energía que -al igual que un servidor- se pregunta qué hay al otro lado de su sistema solar. Quizá existan los universos paralelos. Quizá la magia tiene que ver demasiado con todo este planteamiento. Incluso es posible que lo que yo creo que es una vida en realidad sea un hechizo, una forma de ver al mundo, un planteamiento prologado por un mantra de gestos, palabras y elipsis repetitivas.
La parte de mi cerebro que aún no lo comprende todo esconde aquello que algunos califican de misterio. Cuando veo al ente transparente atravesar la puerta y mirarme de un modo amenazante, se activa en mi algo que aún no puedo explicar. Solo lo intuyo. Creo que tú también puedes. Deberías planteártelo. Si eres de los que no creen en la vida es probable que hayas dejado de leer esta cadena de palabras. Si concluyes tu existencia de un modo errático y has vivido el otro lado de la mañana, sabrás de lo que estoy hablando. O quizás no. En realidad nada importa cuando ninguna de las señales que nos envían aquellos que saben de nosotros y se esconden en las sombras del espacio parece tener sentido. Los avistamientos más aplaudidos en realidad han sido los más absurdos. Todo se puede resumir en movimientos torpes y exentos de cordura cuando se sufre un encontronazo con lo irreal. Y te dirán que se denomina irreal porque algunos (muchos) siguen sin creer en ello. ¿Quién nos dice que los tipos que fundan sectas extraterrestres mienten, señor Valleé? ¿Es nuestro mundo un campo de observación para lo extracorpóreo, señor Keel? Mothman nunca se pronunció al respecto. Su presencia es solo eso, una visión. Igual que la que vi cuando tenía quince años y una mujer atravesó una puerta para asustarme.
La vida está tan repleta de pequeños actos incomprensibles que estos forman parte de la acción que se desarrolla ante nuestros ojos como si no hubiera nada extraño en ello. Es probable que alguien te esté soplando en la nuca ahora y creas que es la brisa. ¿Nunca has oído a alguien gritar tu nombre hacia las tres de la madrugada? El hechizo al que estás sometido no tiene reverso. Estás atrapado en un sueño lúcido. Podrías vivir en tu peor pesadilla igual que lo hizo Ligotti. Bien podría ser que la realidad es esa en la que estás escribiendo y no al contrario. Todo ello queda contenido en el ochenta y tantos por ciento de la parte que aún no hemos desarrollado de nuestro cerebro. La magia es un cercamiento a la locura, al entendimiento, al ser que atravesó la puerta para asustarme. Todo ello conforma una parte de entereza mental que aún está por desarrollar.
Mediante la concatenación de caracteres puedo hacerte entender que no podemos verlo todo, que somos demasiado pequeños, demasiado absurdos y tenemos que etiquetar lo que no entendemos. Y por muchas veces que lo hagamos seguiremos sin entenderlo. Lo misterioso activa una parte de la mente que como reacción agudiza los sentidos, aumenta el ritmo cardíaco y te adentra en el principio de la línea que separa lo sobrenatural. Una vez sobrepasé esa línea y durante un tiempo pensé que era capaz de regresar allí cuando quisiera. Solo debía ocurrir algo absurdo para enlazarlo con fuerzas externas que lo estaban manipulando. Quizá sea así. Quizá no soy yo el que estoy tecleando esto. Igual tengo a alguien dentro que me está dictando un mapa fantasma exento de gráficos que me lleva de la mano hacia la ladera donde nunca toca el sol. ¿Puedo verlo todo si atravieso la línea? Por supuesto, pero luego me tildarán de loco y quizá me quede en ese extremo para toda mi vida. Si no amas la vida no me creas.
Una vez quise llegar tan lejos que quise entender la vida mediante la muerte. Pero no pude y tuve que llamar a los servicios sociales para que me ayudaran de alguna forma. Me etiquetaron, me recetaron y me dejaron en el mismo lugar en el que había comenzado la partida. No es posible ver lo que hay al otro lado si quieres rechazar a la muerte. Quizá no sea eso. Nos están vendiendo veneno. Deja de mirarme. Simplemente cierra los ojos y detén la lectura. El periodista John Keel vivió una interminable sucesión de apariciones espectaculares y actos teatrales protagonizados por humanos y por seres bizarros que parecían provenir de algún lugar que se propone ser condescendiente con nuestra especie. La aparición espectral o el avistamiento ovni debería ser algo absurdo, carente de sentido, puesto que la realidad está exenta de argumento. La magia es improvisación y conocimiento, un plan urdido, un mantra que se solidifica el repetirse una y otra vez. Pero lo que denominamos misterio empieza cuando los pelos se ponen de punta, cuando queremos huir. Deberíamos subir un siguiente escalón y quedarnos. Correr es demasiado primario. No hay argumento plausible ante el caos generalizado. No hay guion escrito. No hay lógica a la que aferrarse. Bienvenidos al funeral de todo lo que parece tener sentido.
Cuando abramos la mente estaremos listos para aceptarnos a nosotros mismos. Cuando abramos los brazos demostraremos que sabemos conocernos un poco más. Y ese será el primer paso para descubrir que, quizá, ni tan solo somos dueños de nuestros actos. Es probable que tus movimientos vengan dictados por alguien que está jugando a un videojuego en el que tú eres el personaje principal. Es probable que estés viviendo un sueño demasiado lúcido. ¿Quién dicta que la otra realidad es el sueño y no lo es ahora, mientras soportas la lobotomía lingüística a la que te sometes voluntariamente mediante la lectura de estas líneas? El ritual acaba de comenzar. Mira hacia el cielo y conoce un poco más de lo que le ocurrió a John Keel en la década de los setenta.
“La creencia de que alienígenas parahumanos viven entre nosotros no se limita a los círculos ovnilógicos. Numerosos grupos religiosos y ocultistas han alegado por siglos que tanto ángeles como demonios que guardan el mismo aspecto físico que nosotros han estado en nuestro medio desde el principio de los tiempos. Distintos contactados afirman que los ‘hombres del espacio’ les han informado que entre diez a diez millones de visitantes interplanetarios residen hoy en nuestras ciudades. El fallecido Dr. James McDonald, meteorólogo de la Universidad de Arizona que se inmiscuyó en la controversia OVNI, comentó por privado durante los últimos años de su vida la posibilidad de que seres alienígenas no solo estuviesen presentes en nuestro planeta, sino que sistemáticamente ocupaban cargos importantes en el gobierno y el ejército”.
Jhon Keel. 1979.
Incluso el hombre ha llegado a creerse sus mentiras mediante el engaño y la manipulación. Chicos jóvenes con cuerpo de hombre maduro han tratado de hacernos ver su realidad como un punto de vista generalizado, como si todos tuviéramos que verlo de la misma manera. Se considera la búsqueda de la verdad como un simple mecanismo para ocultar otras teorías. Keel afirmó varias veces que mientras los investigadores sigan obstinados en encontrar la verdad, esta siempre permanecerá oculta en el engaño perfecto.
“Aunque los OVNI han estado con nosotros por mucho tiempo, son pocos los que se han interesado a profundidad en ellos. Ha sido muy fácil manipular a estos pocos para que crean casi cualquier cosa. La fuerza que opera los ovnis, sea lo que sea, parece querer que los entusiastas crean en visitantes de Ummo y Venus. Diseña toda suerte de eventos y evidencia falsa para reforzar tal creencia. Mientras que un grupo de ovnílogos ilusos siga mirando por sus telescopios, buscando pruebas de una tecnología superior de otro mundo, los OVNIS terrestres y sus tripulantes se sentirán seguros”.
Jacques Vallée trató de hacernos ver que en la década de los setenta numerosos grupos de afiliados al reptiliano en realidad trataban de vendernos humo, de engañarnos bien por dinero o bien por el mero hecho de hacerlo. Lo que aún no se comprende es el estímulo del manipulador cuando no hay beneficio material en ello. La manipulación es una forma de trastorno mental no diagnosticado. El poder es una enfermedad. La creencia en ovnis parece serlo pero solo es aceptación de la realidad. Aun así, muchos se han jactado de ser unos grandes creyentes de lo oculto sin haberlo experimentado. Vallée encontró pruebas inquietantes que relacionaban a filosofías totalitarias con actividades sectarias extremadamente peligrosas. La conversión del seguidor en fanático queda separada por una delgada línea mucho más fácil de atravesar que la que nos separa de la genialidad o de la locura. La relación entre religión y vida ultraterrestre queda plasmada en algunas de sus teorías.
“Hay dos razones por las cuáles existe un sentimiento religioso ligado a los ovnis. Una es que la ciencia académica se ha negado a estudiar este fenómeno. Así que, al negarse a estudiarlo, lo han situado en el inconsciente. Grandes astrónomos afirman que todos los individuos que ven ovnis son borrachos y chiflados; que no hay ningún informe OVNI verdadero; que no merecen ninguna credibilidad. Cuando actúan así, ellos están distanciándose del público, cavando una brecha”.
Pero, ¿cuál es el fin del manipulador en el campo de los ovnis? La respuesta abarca definiciones tan absurdas que uno llegaría a plantearse si realmente el género humano está repleto de carencias en cuanto a su modo de razonar. La magia nos enseña a aceptarnos, a saber qué lugar ocupamos en el enorme espacio en el que cohabitamos. La creencia en vida extraterrestre está ínfimamente ligada a la teoría que incluye vida en el espacio. No lo denominaremos espacio exterior puesto que en realidad es nuestro lugar de origen, por vasto que este sea.
Vallée trata de advertirnos, de hacernos ver que aunque existan infinidad de órganos palpitantes que sustenten organismos del tipo que sean, no hay que creer la primera teoría que se nos plantee. Según Keel, ese “algo” incomprensible es mucho menos espectacular de lo que nos pensamos. El misterio solo existe en la mente. La realidad suple de un modo inaudito a las teorías y pensamientos que nos formamos en la cabeza. Pero, ¿quién rige esta? ¿Quién activa los mecanismos que nos hacen ser como somos? El inicio de todo seguramente es un milagro sin efectos especiales, un nacimiento natural, un acto cotidiano. No hace falta ir muy lejos para aceptar que el milagro no se esconde, se expone en nosotros en todo momento porque formamos parte de él. La magia, el misterio, la vida exterior, forman un todo que sirve para explicar aquello que no vemos a simple vista. La mente es poder, pero este solo podrá manifestarse con imaginación e ingenio.
La gran mayoría de avistamientos extraterrestres han sido localizados en los cielos de nuestro planeta. La relación de los dioses que habitan en el firmamento, los ángeles que descienden de los cielos, el juego de luces que rodean a estos o las manifestaciones de poder mediante los denominados milagros parece ser una suerte de factores originarios de un planeta exterior; de un nuevo mundo que podemos visualizar con la mente usando su poder.
“…la Biblia dice que los ángeles de Dios vinieron del cielo; los ángeles se unieron a las hermosas hijas de los hombres y crearon gigantes en la Tierra. Elohim es plural en hebreo por lo que no era únicamente un dios, sino que fueron ’dioses’”.
El escritor Whitley Strieber estaba en su casa de las afueras de la ciudad cuando tuvo un extraño sueño. Antes de acostarse, vio una luz muy potente que bañaba todo el edificio exterior para acto seguido, zambullirse en un sueño absurdo a la par que inquietante. Los hombres verdes del espacio se lo llevaban de su cama para desnudarlo y hacerle partícipe de una extraña fiesta con seres de ojos rasgados y enanos enfundados en túnicas con capucha. Strieber se mostró aturdido cada vez que mediante la hipnosis regresaba a su “sueño”, ya que lo absurdo de la situación mostró relieves cada vez más intensos. En una de aquellas situaciones, en el interior de una variante de pirámide de metal, una orgia de música y baile se mostró ante él. Whitley se puso a bailar como si con ello le fuera la vida. Whitley se puso a estrechar manos y a sonreír con los ojos como platillos volantes. Whitley mostró el collar de perlas de su sonrisa amarilla por el tabaco y las cientos de horas ante el teclado. Hasta que su obsesión por los sueños y el problema que vio en las terapias grupales de contactados le obligaron a escribir sobre su caso.
Whitley decidió cambiar la ruta de su carrera como escritor para contar su relato mediante una necesidad, un caos originado por fuerzas invisibles que cinco años atrás nunca hubiera imaginado que lo abordarían. Una vez más, el volantazo en su camino hizo mella al igual que el rumbo que sigue el cosmos.
La magia, una vez más, tomó forma mediante la locura de Strieber y el baile que protagonizó con los hombres verdes.
“Cuando ve que lo veo se acerca a la cama. Él es pequeño. Sube hasta la parte superior de la lámpara. Tiene los ojos ojos grandes. Ojos grandes y sesgados. Una cabeza calva. Él me está mirando. Él tiene una regla en su mano. Tiene una punta de plata. Me toca. Veo imágenes … Veo imágenes del mundo explotando cuando me toca la cabeza con esta cosa … Es una gran explosión y hay un fuego rojo oscuro en el medio. ¡Y hay humo blanco a su alrededor!”
Keel afirma constantemente que todo lo que nos rodea y que se nos trata de ocultar es por una razón: el ser humano es asustadizo, de ahí que niegue todo lo que le dé miedo. Cientos de hombres, miles de ellos, riéndose ante aquel que afirma haber visto a un demonio, a un ente vaporoso, a un hombrecillo amarillo asomando la cabeza detrás de la nevera. El componente mágico se encarga de ilusionar a aquellos que nos vemos capaces de poder traspasar esa línea que nos conduce a otra realidad, la que en verdad es. Y nos da la fuerza y el empuje necesario para vernos de otra manera, observando nuestro interior y creyendo que podemos hacer mucho más de lo que se nos ha enseñado.
Desde tiempos inmemorables se ha alegado que la posibilidad de creer proviene del interior de cada uno y que cuando se considera algo factible, puede llegar a realizarse mediante la práctica, que no el engaño. El poder místico funciona cuando se pone en práctica y se desea fervorosamente. El ser de otro mundo se nos aparece a los que somos sensibles a este tipo de cosas. Lo más sorprendente es cuando sufres una aparición sin saber que puedes ser espectador de esta. Los entes se nos aparecen, y no es que los sensibles lo provoquemos, sino que somos más receptivos a ello. Pero, ¿qué ocurre cuando no creemos en algo y este se nos revela? Ocurre que el rumbo de nuestras vidas cambia totalmente, no somos conscientes de ello, pero nos decantamos por lo que algunos llaman “lo oscuro”, que en realidad es una falta de clarividencia por parte de estos. No pueden ver y por eso se niegan a creerlo. No quieren ver y por eso se jactan en su pedestal de incredulidad.
A John Keel debes conocerlo por la unión que hace entre seres y creencias. Cuando se dejó de creer en la religión, en los dioses, aparecieron los platillos volantes. Cuando en la antigüedad no se podía creer en el factor de la probabilidad (lo que algunos llaman suerte), se creía en los dioses. ¿Pero no es la suerte un factor relacionado con lo oculto? Según algunos negacionistas la magia es imposible, pero el resultado de lo inaudito tiene mucho que ver con un ritual tomado en práctica, ya que algo que algunos podrían considerar imposible, de súbito, toma forma y se hace posible.
El poder de desear con todas tus fuerzas ha obtenido sus frutos. El texto escrito es la fuente por la cual has estado pensando en un lugar en tu cabeza donde tengan cabida todo tipo de creencias ultraterrestres. Existe una azotea en el cerebro por la que puedes ver cientos de avistamientos, infinitud de líneas rasgando la sábana negra moteada por miles de astros que ya han explotado cuando los miras. Puedes ver a través de los años, tienes el don de la clarividencia. Sabes qué puede ocurrir mediante una retrospectiva al pasado. El tiempo siempre juega a nuestro favor, excepto cuando no hacemos lo que debemos hacer.
Insistir en la importancia de saber el espacio que ocupamos en el lugar donde vivimos es la clave para creer en lo que otros no creen. La energía que nos constituye es fuente de poder, sería bueno aprovecharla. Vivir de adentro hacia afuera invita al conocimiento. El noventa por ciento de casos de avistamientos son pura falacia, pero ese diez por ciento restante, que acostumbra a ser el que menos sentido tiene bajo nuestra forma de ver las cosas, es el verdadero. En lo absurdo se esconde la razón, la verdad de todo nunca podrá ser revelada por Keel o el mismísimo Vallée.
Si has llegado hasta aquí, quizá veas un OVNI.
*La versión original pertenece a La Logia Dorada. Podéis leer el texto a través de este enlace.
Juan Gonzalez Santos relata lo sucedido ante la atónita mirada de investigadores ufólogos
Pocas han sido las veces que se ha hablado de la relación existente entre el aldeano de poblaciones rurales con el factor avistamiento. Muchos han sido los que han tratado de establecer contacto en lo personal con la visita espacial de rigor. Juan Gonzalez Santos, habitante de las cercanías de Algeciras quiso incluso saltar el muro invisible que los tripulantes de un extraño armatoste metálico, aterrizado en un campo sembrado, le impusieron. Lo hicieron a través de una serie de fogonazos que detuvieron el posible avance que el aldeano trató de emprender. Juan quería acercarse a saludar a aquellos hombres que lo miraban dentro de sus extraños cascos metálicos desde la ventanilla de la nave. Ocurrió en marzo de 1981.
La primera impresión de Juan al divisar el artefacto fue de sorpresa; bien podríamos señalar lo amistoso de la intención proveniente del humano frente a las desconocidas intenciones de los nuevos allegados. Pero al comprobar que no podía acercarse a la nave debido a la interminable sucesión de destellos cegadores que el vehículo espacial emitía, el habitante de Algeciras, cedió a la voluntad ultraterrestre.
Desconocemos el motivo por el cual, aquellos curiosos tripulantes descendieron al campo, lo que sí es seguro que, a través de las palabras de Juan, se nos reveló la intención de los extraterrestres de extraer algún tipo de material a modo de prueba para su posterior examen. ¿Es nuestro planeta un lugar nuevo para ellos, o simplemente se está realizando un seguimiento?
“Desconozco el motivo de su visita. Simplemente me siento aturdido por la novedad de tener que experimentar las sensaciones que se me presentan. Me siento distinto a mi mismo. Mi cerebro está actuando de un modo inusual. La riqueza de mi vocabulario, mi forma de expresarme… es como si de repente supiera que siempre he podido hablar y pensar de este modo, pero nunca me he sentido capaz de hacerlo. Qué curioso…
Me gustaría poder agradecer a estos hombres lo que han hecho por mí, pero no me dejan. No quieren que me acerque a su aeronave. No desean mis palabras de agradecimiento. De hecho, ¿de qué les servirían? Es probable que ahora mismo estén leyendo mis pensamientos. Quizá sí que sepan que les estoy agradecido, solo que no desean oírlo de mi propio lenguaje. Son demasiado listos. Saben anticipar sus movimientos.
Pero de verdad, insisto, me gustaría establecer contacto con ellos. No deseo que se vayan y me dejen aquí, con mi ya gastado cuerpo y mi desvencijado cerebro. Quiero charlar ni que sea un momento. Quiero que me miren con su mirada clara y sus ojos almendrados, pero me están lanzando destellos en la retina. Creo que me la van a quemar si sigo insistiendo”.
Mariano Melgar observó lo impredecible en plena guerra civil española
Mariano Melgar, habitante de Ortigosa durante el año 38 del siglo XX, fue testigo de un aterrizaje extraterrestre en plena guerra civil. Pasando una temporada confusa debido al conflicto en casa de sus abuelos, mientras guardaba al rebaño en una de las zonas de pasto de la sierra de Ávila, fue testigo de una extraña visita. A la edad de cuatro años pudo presenciar como tres hombres de baja estatura descendían a través de una rampa que unía una extraña aeronave con el suelo firme para explorar el terreno. Fue tal la sorpresa del niño, que del sobresalto rompió sin querer una rama del árbol que lo sostenía, percatándose los curiosos visitantes de que eran observados para acto seguido, introducirse en la nave no sin antes, saludar con el supuesto brazo al joven pastor.
La sorpresa fue in crescendo cuando el niño vio como el personaje que lo había saludado con la extremidad superior, volvía a salir de la nave para recoger un objeto luminoso que se había olvidado en el suelo, resultado de las prisas por retornar a la nave. El ser del espacio no desea ser visto, pero ¿no resulta a veces algo descuidado? Es probable que sea algo negligente debido a la incredulidad humana. El antroprocentismo sitúa al hombre como centro de todas las cosas, así que, “¿para qué preocuparse. Sería interesante saber si el ser del espacio está de acuerdo en que su existencia pase totalmente desapercibida, si es que realmente dicha vida se muestra como es en realidad.
“Sé que me han visto. No creo que deba esconderme. Me siento pequeño en este cuerpo de niño y voy a simular mi sorpresa. Pero sé porqué han venido. Sé lo que desean y por eso me han reconocido. Yo no soy nuevo en esto; he vuelto en forma humana y en estos tiempos convulsos simplemente para seguir existiendo, para seguir completando el círculo de la vida y de la materia.
Me han mirado a la cara, sobretodo el tercer tripulante, el que me va a saludar. En realidad me han otorgado un poco de distracción; la observación del herbívoro terrestre no es muy interesante. Lo que sí me molesta un poco es que hayan tenido que apartarme del conflicto, pero sé que poseo un cuerpo muy joven y poco podría aportar en el campo de batalla. Almenos cumplo una pequeña misión a pesar de mi corta edad.
Solo soy un niño que, aparentemente, está viendo un aterrizaje ovni. Solo soy un espíritu con forma humana poblando este extraño planeta poblado por razas violentas, que no guerreras. Quizá la Tierra no sea el lugar perfecto, a pesar de estar infestado de belleza, como los herbívoros que tengo que observar a diario o este aparente contacto con los nuevos visitantes que trato de mantener con la mirada. Quien sabe”.
La contactada Próspera Muñoz
Próspera Muñoz fue visitada a la edad de ocho años por unos supuestos “hombres” con ojos almendrados que se presentaron en la casa de su tío, en las afueras de Jumilla, Cáceres, cuando esta estaba con su hermana esperando la llegada de su padre. Ocurrió en el año 1946. En ningún momento la niña sufrió trato vejatorio alguno ni tuvo miedo, sino que una extraña sensación de conocer a aquella gente y de estar totalmente a gusto, le sobrevino de un modo inesperado.
Su hermana mayor fue desplazada hacia la pared mediante algún tipo de fuerza magnética que la apartó suavemente del “escenario” para que su hermana pudiera ser “interrogada” por aquellas extrañas presencias. Lo primero que le llamó la atención fueron los ojos alargados de aquellos entes, “sobretodo la dilatación de las pupilas”, recuerda Próspera, que, hasta no pasar cuarenta años desde el contacto, no fue capaz de recordar nada. Y es que fueron los seres del espacio quienes le dijeron que no recordaría del fenómeno hasta ser adulta, y que los recuerdos serían bellos, igual que lo fue el encuentro.
Próspera tiene la sensación de que ya conocía a “aquellas personas” cuando estaban plantadas delante de ella, pronosticando detalles de su vida y, varios años más tarde y con el devenir de los acontecimientos personales, acertando plenamente. La mujer, cuyo recuerdo se activó gracias a la lectura de un libro de ciencia ficción recomendado por su marido, se siente muy agradecida de poder haber sido contactada por la bondad personificada.
Dos días más tarde del primer encuentro, aquellos seres volvieron para un segundo examen, llevándose a la niña al bosque para someterla a un examen físico. Su perro, que hacía compañía a las hermanas durante las frecuentes ausencias del padre, también fue llevado junto a la joven para ser estudiado. Pero ninguno de los dos especímenes terrestres fue violentado ni herido, aunque se observó en el cánido una hinchazón en una de las patas delanteras, así como una pequeña cicatriz en el cuello.
La pequeña volvió a ser tratada con suavidad en el lenguaje proferido y percibiendo un notable cariño por parte de quien la “manipulaba”.
“Sé que no queréis hacerme daño, pero no deberíais asustar a mi hermana. Quien sabe lo que puede pasar por su cabeza de aquí a cuarenta años. Es una lástima que estos pensamientos no puedan ser manifestados exteriormente, y sé que no me queréis ningún daño, pero mi yo adulto, que ahora ha regresado en el tiempo para poseer su propia mente en el cuerpo infantil, se siente algo turbada.
Decidme cual es el libro que voy a leer. Qué titulo me va recomendar mi marido que lea para poder recordaros, os pregunto. ¿Por qué tiene que ocurrir mediante un libro? La ciencia ficción ha sido denostada durante muchos años. Todo esto no tiene mucho sentido.
Algo me dice que no necesitáis que el hombre os tome en serio, ni tan solo que este crea en vosotros. Con el mero hecho de establecer contacto conmigo y con miles de otros humanos, tenéis suficiente, pero ¿por qué sois agradables conmigo?
Sé que con otras personas os habéis pasado un poco, quizá demasiado. I también conozco que otros han muerto en vuestras naves, esperando un posible reconocimiento. Espero estar equivocándome de especie, puesto que algo me dice que no todos provenís del mismo entorno.
Bien, creo que no voy a decir nada más, y es una lástima que no puedan mostrarse exteriormente este tipo de razonamientos. El filtro que habéis interpuesto entre mis sentimientos y mi razón, hacen que estas palabras se diluyan en la negrura del cosmos. Me siento extraña hablando en términos científicos. Solo soy una administrativa cuya mente ha retrocedido en el cuerpo de quien fue con solamente ocho años”.
El contacto con extraterrestres siempre ha sucedido de un modo ilógico
Existe una extraña fuerza que diluye los pensamientos y que no ceja en su empeño por no mostrar formas de razonamiento. En estos tres casos, durante el contacto, el humano ha sido capaz de pensar de un modo distinto, de sentirse otro tipo de ser y reconocerlo durante unos minutos o incluso de retroceder en el tiempo y poseer su propia mente. El hombre forma parte de un sistema, un ciclo que lo mantiene vivo y la vez lo confunde en ocasiones, turbando lo que está viendo para engañarlo, para, una vez más, jugar con lo absurdo y así, manipular al mismísimo engaño.
En el asunto de los contactos y de los contactados, el sentido se difumina con el juego de confusión. Quizá el universo sea algo que nuestra pequeña mente humana es incapaz de comprender.
Espero que el pensamiento antropocéntrico, no se haya adueñado una vez más de quien cuenta estos sucesos.
Imaginemos que todo pierde el sentido de la realidad. Tratemos de visionar la imagen de Charles Fort arrastrándonos hacia un mundo a punto de colisionar con la verdadera realidad. Una realidad que para muchos podría ser un mundo paralelo, casi imposible, bien podría estar a punto de colapsar con todo lo que nos han hecho creer. No existe un pasado sino recuerdos, no hay un futuro sino teorías e ideas sobrevolando nuestra mente.
Partiendo de lo que hemos aprendido, lo único válido es lo que está ocurriendo exactamente ahora. No tendría sentido pensar en lo anterior puesto que es imposible retroceder. Podemos rectificar basándonos en lo aprendido, pero tampoco sabemos si hemos obrado bien, puesto que dic ha enseñanza proviene de las lecturas que se nos han dado.
Y bien, ¿Quién dice que lo que vemos es real? El concepto de la realidad es volátil. No hay nada que demostrar porque en realidad no hemos demostrado nada. No obstante, vemos y con ello nos forjamos ideas. Bien, a partir de ahí siempre podremos configurar teorías que nos sean favorables para poder comprender, pero ¿y si en realidad no nos hiciera falta comprender nada? ¿Y si pudiéramos disfrutar del espectáculo sin tenerlo todo bajo control? Charles Fort se deslizó por las tuberías del periodismo para extraer la siguiente conclusión: “Toda nuestra existencia es un intento de lo relativo por ser absoluto, de lo particular por ser universal”.
Charles Fort
Según la teoría del caos no hay nada que tenga un proceso lineal. Cualquier interferencia creada por la propia naturaleza hará que esta misma actúe como agente modificador. El propio comportamiento de nuestra especie forma parte de dicha teoría. El libre albedrío al que nos vemos sometidos conformará nuestro modo de ser, pensar y actuar. Pero en cuanto al orden, al concepto del bien y el mal, no existe una definición clara. Estamos expectantes ante cualquier suceso importante que pueda ocurrir a nuestro alrededor para modificar nuestra conducta; pandemias, catástrofes naturales, gobiernos totalitarios, y con ello establecer una justificación para actuar o dejar de hacerlo en caso de que el suceso pueda volver a repetirse. De este tipo de fenómenos estableceremos una variante en la continuidad de la existencia.
Charles Fort dice: “Creemos que nada puede intentar ser, salvo si excluye a otro: lo que comúnmente llamamos ser, es un estado que se forja en proporción a la presencia de una diferencia real entre lo que incluye y lo que excluye”. De ahí que cualquier variación apreciada en realidad es un grado distinto, una vibración que altera de un modo u otro, nuestra recepción del estímulo. Es por eso por lo que categorizamos los colores por su tonalidad, pero no los etiquetamos como poseedores de distinta naturaleza. Una crisálida es en realidad una mariposa, solo que su estado se ve alterado por un factor que le aplica la propia naturaleza. Un ratón es lo que ha sido el queso al final del proceso. El hombre, el gusano, la tierra como sepulcro.
Ocurre lo mismo con los conceptos, siendo estos una forma de etiquetar variaciones sufridas para que podamos entender lo que nos rodea. Pero ¿realmente necesitamos de un extenso catálogo para poder existir? En realidad, lo que para algunos es bueno para otro no lo es. Eso significa que no existe una teoría válida para todos. No tenemos control de la propia existencia puesto que esta estaba antes que nosotros. No podemos controlar porque nunca tendremos el control. Existen fuerzas que ya se ocupan de eso y nos permiten que sigamos con nuestra cruzada para conquistar lo inexplorado, pero todo nuestro proyecto puede derrumbarse en muy poco tiempo si este tipo de agentes que están por encima de nosotros se “deciden” a seguir existiendo. Y lo cierto es que lo siguen haciendo. Tsunamis, terremotos, virus infecciosos, … No existe remedio humano para contener lo incontenible. Podemos parchear la realidad, pero nunca modificarla.
“Cada intento que observamos es derrotado por la continuidad, por las fuerzas del exterior o por los elementos excluidos que forman un continuo con los incluidos”. Aquí Fort nos hace comprender que formamos parte de una línea capaz de variar continuamente. Nunca va a convertirse en espiral, puesto que el avance se ha demostrado en la misma evolución del hombre, pero ¿podríamos denominarla “evolución” siguiendo la línea temporal de la existencia humana? Está claro que, en un sentido tecnológico, el hombre ha sabido adaptarse a sus tiempos, aun así nunca ha sabido desprenderse del factor animal que alberga en su interior. En cuanto el débil sistema que ha creado se vea amenazado, el hambre y la pasión por volver a recuperar lo perdido lo volverán a convertir en una bestia capaz de volverse fría ante sus propios “hermanos”.
La línea temporal de la existencia humana no comprende sobre lo que el mismo humano llama “evolución”. Esta puede verse truncada por cualquiera de los factores anteriormente citados (catástrofes naturales) para tratar de prevalecer como individuo. El hombre no está preparado para convivir con su propia especie desde hace miles de años. Aun así, cree necesitar (y en realidad lo necesita) a sus compañeros para poder seguir y tratar de contener, inútilmente, una línea existencial que sufra pocas “variaciones”.
Por otro lado, algunos creen en la discontinuidad que puede producirse debido a la intervención exterior. Fort teorizó sobre los seres del espacio cuando dejó de creer en todo lo que sus limitados sentidos eran capaces de apreciar. En el año 1854, el ufólogo gallego Óscar Rey Brea propuso en 1954 que las épocas de mayor número de observaciones de platillos volantes se correspondían con las de mayor proximidad entre el planeta rojo (Marte) y la Tierra, las llamadas oposiciones, que se dan cada veintiséis meses. Pero fue Ford quien alegó en 1926, y en contraposición con las teorías de Rey Brea, que habría una oleada de avistamientos de aeronaves en unas semanas del inicio del año, posicionándose de un modo contrario a la teoría que alegó años más tarde el ufólogo español.
Fort creía ciegamente en todo tipo de fenómenos “antinaturales” porque según él mismo, cualquier variación es susceptible de producir cambios, de la misma forma que lo puede llegar a hacer el caos. No existen leyes ni teorías; todo es, en definitiva, una sucesión de factores alterados por la propia existencia de estos. El hombre del espacio no es sino otra vibración a la que la supuesta realidad que conocemos puede volver a truncar nuestros planes de futuro. El ultraterrestre bien podría ser lo que algunos tratan de visionar como un futuro incierto provocado por la mala gestión humana, una respuesta al mal trato que se le ha dado al escenario que se nos ha otorgado. Algunos podrían ver al extraterrestre como el fin de los tiempos, así como otros bien podrían verlo como una esperanza. En todo caso, bien podrías ser que el ser del espacio ya hiciera tiempo que sabe de nuestros quehaceres y nunca ha querido mostrarse en público, bien por no alterar la frágil línea que nos hemos construido o simplemente porque no todos somos dignos de conocer a nuestros supuestos compañeros.
¿Nos hemos inventado a los extraterrestres para justificar nuestros errores? ¿Tan solos nos sentimos? Por otro lado cabe pensar en el supuesto de que estos seres del espacio estuvieran antes que nosotros y lo que desean es recuperar su terreno. Viendo lo que somos capaces de hacer y lo mucho que hemos avanzado en cuestiones tecnológicas, combinadas con el miedo a perder lo nuestro, el ser alienígena sea muy cauteloso a la hora de reclamar lo que, quizá, una vez le fue asignado. La teoría que hemos aprendido bebe de fuentes como el daltonismo, el darwinismo, el lyelismo o los criterios newtonianos, por eso no es difícil creer en lo que algunos llaman pseudociencia. Por eso nos es imposible asmilar, a no ser que exista una importante apertura mental, la existencia de artefactos y seres provenientes del espacio, pero ¿qué ocurre con los miles de casos de contactados en nuestro planeta? ¿Es el hombre corriente incapaz de ver lo que tiene enfrente?
En muchos casos, es conveniente pensar en una variación importante de la línea que estamos siguiendo, de la transformación contínua a la que nos vemos sometidos, para poder creer en la existencia de otro tipo de seres, que sean muy parecidos a muchos de nosotros en un sentido espiritual.
Quizá los lleguemos a conocer masivamente algún día, pero para ello deberíamos alcanzar otro tipo de estado mental, además de la apertura de mente. Solo aquellos que son capaces de ver, estarán preparados para la verdad. Acordémonos de lo que dijo Fort en cuanto al fenómeno de lo “diferente”: “En nuestro estado intermedio, todas las cosas no son más que el fantasma de una supermente que sueña, pero que se esfuerza por despertar a la realidad”.
Charles Fort
Nota: Todas las citas de Charles Fort, han sido extraídas de «El libro de los condenados» del mismo autor.
¿Te acuerdas del amor perfecto? La sensación de estar unido a alguien de un modo tan certero que es como si fuera una confabulación para perpetuar la especie de una manera hermosa, casi constructiva. Sabes que no hay nadie que te obligue a acercarte a alguien y amarlo, pero alguna variante de dispositivo invisible se activa para que, a pesar de las peleas, vuelvas siempre a la casilla de salida para volver a amar de nuevo. Y es que el sentimiento se construye poco a poco, con la experiencia que otorga el contacto, el beso y el deseo invisible. Y el afán por reunirte con ese otro ser, puede llegar a derrumbar algunos muros de hormigón.
¿Podrías llegar a pensar que lo que experimentas en vida es un plan urdido por algún ente benévolo? Quizá lo que antes creían que eran ángeles y ahora ultraterrestres no sean más que buenos deseos materializados en lo que creemos que debemos apreciar. Lo digo porque no hay manera de saberlo con total certeza, pero sí que existe la experiencia y el sabor de esta que define de alguna manera tu forma de existencia. No todos vivimos de una misma manera, pero sí que tenemos experiencias muy comunes que experimentamos como únicas. Keel habló de la famosa lluvia de ranas o de las desapariciones en el famoso Triangulo de las Bermudas como experiencia inaudita, pero yo estoy aquí para hablar de como me uní con otro ser de mi propia especie de un modo tan poco común que muchos, quizá, nunca lleguen a creerme.
Me acuerdo de aquella discusión tan fuerte con mi esposa que algo se rompió para siempre dentro de nosotros. Dicha disputa llevó a una separación instantánea que desembocó en una sucesión de sentimientos fatales que la obligaron, a ella, a pisar con más fuerza el acelerador huyendo de mi lado y desapareciendo por el acantilado que la llevó hacia un final oscuro y fatal: una muerte bajo el agua dentro de un vehículo motorizado. Aun así, la forma que tuvimos de unirnos fue tan inusual que quizá, el remedio fue mucho mejor que la enfermedad. Es decir, unimos nuestras mentes en una sola. Esto es lo que voy a contaros; me llamo Dick Miles y soy sincronizador cuántico.
Mi trabajo consiste en crear campos electromagnéticos que se extiendan y magneticen todo a nuestro alrededor para así, ahorrar esfuerzos a la hora de crear nuevos proyectos empresariales o incluso personales. Partiendo de la teoría que alega que nuestro ADN emana una frecuencia que ordena y afecta las estructuras moleculares de los integrantes, por ejemplo, de un grupo, creando el éxito total (2+2=5), y a raíz de la ruptura física y emocional con la que fue mi esposa, pude unir dos mentes en una sola al poder extraer la cadena de ADN del tejido cerebral del cuerpo sin vida de la que fue la mayor aventura amorosa de mi vida.
Nunca tuve pareja hasta hace unos años. Cuando experimenté el hecho de ser amado y saber que alguien, siempre, está pensando en ti de un modo tan amoroso, no pude ser capaz de aceptar su muerte y recurrí a mis conocimientos sobre campos cuánticos y sumatoria de fuerzas para aprovechar así, la fuerza de aquella gran mujer unida a mis pensamientos. Aproveché la determinación que toman los creyentes de cualquier religión para amar a sus dioses extrayendo la fuerza para creer en algo de un modo tan fuerte y lo apliqué al sentimiento amoroso hacia alguien en concreto, es decir, hacia la que fue mi esposa. Restablecí mi mente como si la preparada para ser invadida por un virus beneficioso, un fantasma invisible que se metiera dentro de mi cerebro y cobrara vida propia para así, poder vivir conmigo hasta el día de mi fallecimiento. Puesto que en aquel momento no me importaba la carne o todas las pasiones que se desatan cuando enfermamos de sentimientos afectivos, lo que yo quería tener dentro de mi era su forma de pensar, sus fallos y sus aciertos, su amor incondicional hacia mí mismo instalado dentro de mi cabeza. Pensé que si fuimos capaces de convivir, podríamos seguir haciéndolo dentro de una sola mente.
Mediante el sistema del alotransplante (parecido al que se practica con la médula ósea), extraje con ayuda de un laboratorio adecuado para dicho fin y con la estimable colaboración del doctor Nyiszli, amigo con el que compartimos grandes momentos en la universidad, el pensamiento “traducido” de ella, su personalidad, esta vez, en sustancia para poder ser inyectada sublimando la irrigación y las excrecencias de la glándula que segrega el núcleo estriado, zona que activa sentimientos poderosos y complejos como el amor o la adicción a las drogas. Al inicio de dicho periplo no sabíamos qué encontraríamos, y pensamos que estábamos construyendo una variante de monstruo frankensteniano sin cuerpo, es decir, estábamos reviviendo a alguien dentro del cuerpo de otra persona viva, duplicando así dos mentes distintas dentro de un mismo envoltorio. Pero resultó que el amor y el deseo activó de un modo inaudito la zona del núcleo estriado, gestando en un inicio la incubación de su mente dentro de la mía gracias al pensamiento amoroso que yo aún poseía. Así, pude desarrollar un pensamiento crónico de amor que en realidad era como la madre que gesta una vida dentro de la suya. Y en cuestión de días pude notar, de la misma manera que el poseído nota como algo entra de súbito en su cuerpo, como la personalidad de mi fallecido amor cobraba vida dentro la mía.
Reconozco que lo que estoy contando puede sonar algo rocambolesco, la ciencia es algo muy exacto y es difícil unirla con el sentimiento, pero hay veces que este último es tan poderoso que a veces crea milagros. Así fue como desenvolupé una mente ajena a la mía dentro de la mía propia. Era dos personas caminando al unísono y pensando de un modo autónomo con respecto al otro. Era capaz de mantener conversaciones conmigo mismo con si las estuviera teniendo con ella y así, sentirme de la misma forma como cuando ella era otro ente físico con el que compartíamos nuestra vida.
Parecía que mis pensamientos podían desdoblarse y volver a encontrarse de un modo inaudito. Lo mismo ocurría con el conocimiento, obtuve resultados teóricos del campo de la biología que nunca llegué a comprender antes del experimento y formas de pensar y de sentir que hubieran sido imposibles de concebir dentro de mi cabeza antes de la gestación de su personalidad en la mía. Porque lo que vivía conmigo era una persona individual, un pensamiento autónomo que carecía de cuerpo para poder seguir existiendo, pero que podía hacerlo junto al mío con total normalidad.
O eso era lo que yo pensaba.
Porque cuando llegaron las primeras discusiones al cabo de un tiempo de compartir una convivencia neuronal y emocional ejemplar, dos sentimientos enfrentados fustigaron mis emociones de un modo que mi organismo no pudo concebir; dos enfados dentro de un solo cuerpo eran harto difíciles de sostener. Así que me vi sometido a un fuerte estrés por parte de los dos agentes del sentimiento que batallaban casi a diario dentro de mi -cada vez más- frágil estructura. Puesto que mi cuerpo dejó de ser fuerte ya que a mi antiguo amor nunca le gustó el deporte, ni la lectura, ni tan solo la comida orgánica, y para evitar enfados tuve que ceder y pasé a ser más como fue ella que como era yo. Y poco a poco fui perdiendo la lucha para ceder ante sus exigencias y así, no dejar que el sistema nervioso sufriera de un modo tan desagradable. Pero entonces mi personalidad se fue haciendo pequeña, cada vez más, hasta que lo que en un inicio parecía ser una bonita historia de amor conmigo mismo, al final se pareció más a una posesión demoníaca al más puro estilo cinematográfico.
Deambulaba por la calle hablando conmigo mismo, pero en realidad era su personalidad la que me acechaba a todas horas, anulándome y haciéndome sentir inferior. Incluso llegué a pegarme a mi mismo, siendo incapaz de detener las agresiones de mi brazo izquierdo hacia mi cara. Cada vez me hacia notar más que ella no estaba a gusto dentro de mí, que la naturaleza debe seguir su curso y que yo había creado una aberración. Me había convertido en un monstruo y había aprisionado su mente dentro de la mía. Me aseguraba a todas horas que era ella la que se sentía prisionera, que no podía experimentar la calma porque vivía dentro de mi cabeza y estaba sometida, a todas horas, a mis pensamientos. Poco a poco, dentro de mi cráneo, comenzó a desenvolverse una variante de guerra del pensamiento que amenazaba con comportarse como brote psicótico esencial. El descontrol de su forma de pensar con respecto a la paz mental que yo necesitaba mutó en una gran masa de enfermedades mentales que me hicieron sucumbir una soleada mañana de julio, física y mentalmente, cerca del domicilio donde vivía.
En el suelo, mirando directamente al sol, experimenté lo que algunos llaman muerte cerebral y otros milagro ultraterrestre, ya que me era imposible concebir si lo que estaba comenzando a acontecer era real o solo vivía dentro de mi cabeza.
Vi el rostro del astro rey, lucía corona y era un hombre musculoso porteando un niño en brazos. En su mano izquierda sostenía una lanza, cuya punta penetró en mi cabeza y me sumió en un sueño extremadamente profundo.
A partir de ahí ya no tengo claro que ocurrió. De todas formas voy a contar lo que mi sufrida mente es capaz de recordar.
Desperté en el interior de una habitación blanca, con mucha luz, pero notaba que tanta blancura no me molestaba en los ojos. Era parecido a estar rodeado de nieve en un día soleado pero extrayendo las molestias que se sienten en las retinas. Mi cabeza parecía estar quieta y no sentía tanta relajación desde antes del experimento. Estaba desnudo y no sentía frío, sino una variante de calor corporal que parecía emanar de mi mismo.
Entonces alguien apareció de súbito y comenzó a acercarse a mí. Era una silueta blanca que me resultaba muy familiar. Era de piel muy blanca y de cabellos blancos. Su sonrisa me transmitía calidez y un amor incondicional hacia ella. En realidad era mi esposa que caminaba hacia mi pero existían algunas variantes físicas a como era ella en realidad; el color de su pelo y de sus dientes, los ojos eran algo más alargados, casi almendrados, y su andar era grácil y ligero; en pocos segundos y a pesar de la distancia que nos separaba, se posó junto a mi y me puso una mano en el pecho.
Sonrió y lo hizo de un modo que me hizo latir el corazón casi como si quisiera salir del pecho. Era un latido de amor, y no de esfuerzo, y me sentí ruborizado y quise besarla sin necesidad de expresarme con palabras. Y el puente invisible que unía nuestras bocas se derrumbó y sentí sus labios en contacto con los míos. Y dentro de mi cabeza escuché sus palabras.
“Has tardado demasiado en venir. Te estaba esperando”.
Y una sucesión de hombres de baja estatura con la piel de color tostada aparecieron a nuestro alrededor y se pusieron a bailar una variante de danza samoana. Brotó una extraña música de sintetizadores y nuestro beso pareció hacerse eterno, puesto que no recuerdo cuando nos detuvimos. Pero al hacerlo ella me cogió de la mano y recorrimos una interminable sucesión de pasillos que conformaban lo que parecía ser una de las partes de una nave ultraterrestre y llegamos a una sala, desnudos, donde una gigantesca ventana nos mostró el secreto del universo y vimos galaxias y estrellas y dimensiones que nunca hubiera imaginado. Era como tropezar y caer dentro de una viñeta de Estela Plateada con imágenes explícitas, puesto que allí mismo comenzamos a hacer el amor mientras los astros parecían gritar de placer al ritmo de nuestras acometidas.
Y al terminar ella me cogió de la mano y desandamos el laberinto de pasillos hasta llegar a una puerta automática que se abrió y me mostro el otro lado de la mañana y me abrí paso entre la maleza de la naturaleza hasta llegar a lo que parecía mi hogar, a sabiendas de que ella había desaparecido y, cargando con la sensación de que nunca más volvería a saber de ella, desperté en mi cama con la mente reparada; volví a ser yo mismo, único pensamiento dentro de mi cabeza. Dueño de mis sentidos. Paladín de mis emociones.
Y así, y durante unos días, unos tipos con extraños uniformes vinieron a verme durante los días sucesivos a mi extraño viaje para asegurarse de que me encontraba con mis facultados mentales ilesas. Me ofrecieron una bebida muy dulce y de buen sabor que acepté con gratitud, casi drogado por aquellas presencias que me recordaban sobremanera a mi curiosa experiencia y a mi fallecida mujer, me sentí arropado por un sentimiento amoroso harto poderoso, casi que me recordaba al afecto que sentía mi mujer por mí durante los primeros años de casarnos. Y en realidad seguía amando a mi esposa pero no sentía dolor, era como si ella siguiera estando a mi lado pero no lo estaba. Fue como quedarse con la idea de que alguien te ama en todo momento aunque no puedas tocarlo.
Y sentí amor, sentí mucho amor por parte de una experiencia que fue mucho más gratificante que el experimento en sí, cuyo inicio parecía prometedor, pero que al final resultó ser otra moraleja más sobre el poco poder que tiene el hombre para ser un dios. Y durante mucho tiempo traté de comprender que es lo que había desatado, y pensé que había querido jugar a algo que no me estaba permitido y que fuerzas mucho más poderosas y comprensivas que nosotros habían tenido que interceder mediante el engaño ( o no) para regalarme algo muy valioso pero a la vez invisible.
Cada vez que el sentimiento amoroso se aleja un poco, automáticamente me viene a la cabeza el acto carnal que tuvo lugar dentro de la nave y la sucesión de luces y placer desplegados al unísono en mitad de la negrura espacial. Y entonces me siento afortunado de haber sido aleccionado, de haber sido interrumpido por algo o alguien que considera que soy demasiado inmaduro para jugar a los experimentos con la muerte. Y es entonces cuando noto que estoy siendo amado y la vez observado, así que, arropándome en un sentimiento -falso o no- del amor incondicional, trato de seguir viviendo dentro de mi cabeza como ente individual, responsable y ajeno al juego fatídico que existe entre la vida y la muerte.
Filamentos de pensamiento caen en el suelo de la cubierta. Pensamiento alienígena alborotado por cientos de miles de gritos proferidos por estrellas. Estupor generalizado. Personas abducidas ascendiendo hacia futuros imposibles. Se apaga la luz en el interior de la cabeza. La locura está a punto de cruzar el umbral de la cordura. Lo sé porque he jugado en la frontera. Lo sés porque me creo loco. Me creo especial jugando a los astronautas cuando cierro la luz y noto como el beso de la química me reduce a un ente hecho de carne que no sirve absolutamente para nada.
Reacción. Estupor. Gente entrando en la nave de la locura. El barco es grande y está repleto de seres bajitos, verdes, lentos, extraños; en realidad, maravillosos. Esoterismo en dosis mínimas para sustituir las creencias en seres de otro LUGAR. Conjuro nórdico que no entiende de astronomía. El viento es tan fuerte que me golpea dentro de la cabeza. Tormenta cósmica sinónimo de tormenta en el planeta Tierra. Vamos a jugar a los abducidos.
Vamos a follar con la escritura automática.
Todo esto pierde sentido cuando trato de explicar, de hallar un sentido a la abducción. Recuerdo un ente atravesando la puerta de mis sueños. Una mujer seduciéndome en un río lleno de cajas de juguetes. Un bulto en mi pene; debería operarme. Debería cuidar más el baile de la masturbación. Una mujer negando mi sexualidad. En realidad es la canción de cada noche. Los sueños son el reflejo de la mente. MENTIRA. Los sueños son guiones escritos que me introducen cada noche en la cabeza con una jeringuilla metálica.
Vamos a codearnos con los locos, los insanos, los que dicen que nunca ocurre nada en sus mentes.
Filamentos de realidad cayendo sin remedio como lágrimas de pena por la muerte del padre. No puedo recordar nada de lo que ha ocurrido. Tengo marcas en el brazo. Sueño otra vez con la mujer de río, rechazándome. Sueño otra vez con ella mientras mi padre me mira desde la otra orilla. Se siente defraudado; el tono de su piel es gris y su expresión delata un cierto enfado. Pienso en lo que aprendí meditando. Trato de poner la mente en blanco pero ella siempre aparece. No puedo recordar que ocurrió exactamente, pero sé que ELLOS lo saben.
ELLOS siempre lo saben todo. Sus mentes son cálculos matemáticos y teorías inimaginables. Siempre tratan de engañarme; no puedo recordar ni como ascendí a la nave. Solo puedo pensar en el río y en la chica que me rechazó. Agua corriendo hacia abajo. Mi padre con el rostro gris blandiendo su enfado hacia mi fracaso.
Aparece ante mí una sala de color blanco; creo que algo trata de engañarme para que no pueda recordar. Una jeringuilla clavándose en mi sien izquierda. Música embrionaria. Un feto dando vueltas dentro de un tubo relleno de un líquido transparente.
Vamos a bailar con los recuerdos, la experiencia vivida es el mayor engaño de la mente. Vamos a distorsionar los hechos.
Llorar no va a servirme para nada. Cierro los ojos y trato de volver al estado meditativo. ELLA abierta de piernas, riéndose de mí. No tengo intención de acercarme porque sé que va a rechazarme. La sala blanca es el mejor refugio en estos momentos. Noto como si me fuera familiar. Toda esa luz bañando mi cuerpo desnudo, blanco, cicatrices configurando una vida repleta de errores. El mapa de la existencia cubierto por una capa de grasa que favorece que no me salgan arrugas. Se acercan hacia mí. Creo que estoy en una camilla.
Son pequeños y parece que saben lo que hacen.
Antique Vintage Gun Pistol on White Background
Vamos a jugar con la línea del espacio-tiempo. Engañémoslo. Vamos a dar forma a nuestro modo de ser.
Tubos entrando y saliendo por mi cuerpo. Ya no sé quien es mi padre, pero su imagen me es muy familiar. Es curioso porque sé que es mi padre pero a la vez es como si no lo supiera. Parece que pierdo el sentido porque ya no puedo volver a la meditación. Alguien me toca la pierna. Una mano subiendo por el cuádriceps hasta llegar al hueso de la cadera. Una mano que me es muy familiar.
Su beso me descoloca. Su beso me llena de algo que nunca he experimentado. Una aparición espectral en carne y hueso. La chica del río haciendo surf con las yemas de sus dedos en mi piel. Ahora ella no me rechaza. Me lame la piel y se sienta encima de mí. Me duele el cuerpo pero a la vez me gusta. El comité aprueba la postura. Aplaude mi entusiasmo materializado en una erección vulgar. Para ellos el sexo es un ritual. Para el ser humano un espectáculo. Saliva y placer y punzadas de dolor en la cabeza. Creo que estoy conectado a algo.
El grito de una estrella me desgarra el pecho y ella empieza a lamer la sangre que se escurre hasta el suelo. El comité baja de su orgullo, se acerca a mi posición y se dispone a comer lo que sale de la hendidura. Noto como me arrancan el alma del cuerpo y me siento un ser etéreo que flota por el espacio sin rumbo.
Destino final: el vacío existencial. Próxima estación: la no-muerte eterna.
Rememoro momentos de mi vida terrenal y lo que me hizo sufrir me parece irrisorio. No existen motivos para sentirme mal y para hacerme sonreír. No tengo cuerpo. No tengo un lugar en el que verter el resultado de mis decisiones. Ahora soy negrura y nada y tiempo que no avanza. No me importa ver como se comen mi carne. No me importa ver que el espectáculo del canibalismo está instaurado en la vida alienígena. Siento que floto durante mucho tiempo por un océano de color negro. Soy capaz de nadar sin brazos. Soy capaz de nada sin agua. Lo haría durante un millón de años.
Vamos a devolverlo a su sitio. Vamos a hacer que deje de sentirse ajeno a las emociones humanas.
Otra vez en el río, nadando a contracorriente, pero esta vez aún llevo los cables conectados en la cabeza. Locura. Ella me está mirando desde el otro de la orilla. Me detengo. Me pongo en pie y la miro y ella me guiña el ojo y me felicita por mi labor en la empresa sexual que hemos llevado a cabo en un pasado inmediato. El río está lleno de cajas de juguete. Muñecos de acción y naves espaciales. Hombrecillos verdes y pistolas de rayos láser. Ella se acaricia el vello púbico y me tira un beso con los labios.
Vamos a borrarle la mente. Será mejor para él que no sepa de lo que somos capaces. Vamos a transmitirle información engañosa.
Tengo una cicatriz en el pecho, pero no recuerdo nada de nada. Me siento vacío. Otra vez tengo la mente en blanco. Trato de volver la vista atrás, de rememorar lo que me ha ocurrido, pero no soy capaz de establecer contacto con ninguna de las imágenes que, estoy seguro que han acontecido en algún plano astral. Me fuerzo a mi mismo, indago en todos mis recuerdos. Me duele la cabeza de tanto pensar. Vuelvo al estado meditativo para descansar. Recuperarme. No puedo. Si esto fuera una película me habría salido una gota de sangre por la comisura de un ojo.
Tan solo puedo ver a mi padre con el rostro serio y la piel gris, mirándome desde la orilla de un río repleto de cajas de juguetes. Cierro los ojos y pongo la mente en blanco. Quiero dejar de pensar. Quiero dejar de sentir cierta sensación de engaño. Tengo un poco de miedo y los ojos de mi padre, mirándome con desdén, no me ayudan a relajarme.
Te acordarás del año en el que nos conocimos cuando veas la luz radiante dibujar una gran nada en el cielo. Caerás al suelo, ciego, harto de la felicidad que te han propuesto durante todos estos años para renacer bajo nuestro espíritu, nuestra forma, nuestro modo de ser y pensar. Dejarás caer los hombros, sumiso, en respuesta a tu facilidad para decirnos siempre que sí. Nos vas a aceptar. Viajarás eternamente por la negrura que has construido al cerrar los ojos; nuestro modo de apreciar el tiempo es distinto. Necesitamos pensar bien cada decisión que hacemos para no variar los acontecimientos. Todo está escrito. El tiempo es un cálculo cuyo resultado nunca puede ser alterado.
Te acordarás del año en el que creíste fallecer para volver a resucitar al lado de una hermosura de pelo rubio y pensamiento construido a base de lucha y sacrificio. Te vas a revolcar de nuevo entre sábanas y pensamientos excitantes mientras ellos te verán, observando cada movimiento y haciéndose pasar por los tres espíritus que -según aquella bruja que conociste años ha- te acompañan a lo largo de toda tu vida. No vas a ser receptor del cambio de presencia, puesto que el número de espíritus no cambia, pero sí lo hace su personalidad; llevas tiempo encontrándote bien, así que los tres que te acompañan se supone que tuvieron una buena vida. Estás a punto de sufrir sin dolor. Buenaventura.
Despertarás entre aullidos, los tuyos, en una habitación blanca rebosante de luz. Ella, desnuda, te mirará lascivamente desde lo alto de la cama. Necesitas aprender a subir por una cuerda para poder acceder al reposo y al amor que te llama desde las sábanas blancas. Lo harás una vez sepamos que estás preparado, puesto que ella quiere y necesita darte placer. Sus piernas blancas y la perfección de sus pezones te incitan a subir rápido por él hasta que te conduce a lo alto de la plataforma.
– ¿Cuándo follaremos? -Te dice.
No abres la boca, necesitas concentrarte en la ascensión. De repente ahora lo ves todo claro. El tiempo lo dicta todo, pero aún no estás listo. De todas formas, quieres terminar la ascensión y penetrarla fuerte y hacer que grite y muerda las sábanas mientras los entes de ojos almendrados lo mirarán todo, para no perder detalle, como un sacrificio nórdico espiado por un cristiano.
Tratas de llegar hasta la cima. Vas desnudo, pero no notas roce alguno en la piel. Vas desnudo, pero te sientes un colonizador del espacio. Ellos te miran mientras asciendes y llegas a los pies de la cama gigante. Y corres por las dunas blancas hacia ella mientras su coño se hace más y más grande hasta que pierdes el sentido de la realidad y todo cambia y consigues ver una cueva húmeda donde unos hombres de pelo largo y rubio te invitan a arrodillarte y postrarte ante algo que te parece elemental, pero no consigues recordar su nombre.
El olor es fuerte. El ritual es corto. Sales por ti mismo de la cueva y ella vuelve a tener tu tamaño y es entonces cuando buscas la penetración. Sientes la calidez rodeando tu miembro, así como todo el poder el Universo. El comité observa mientras las acometidas son cada vez más fuertes. Más salvajes. Más inhumanas. Te encanta el color de sus uñas pintadas. Rojo fuerte en la infinidad del espacio exterior. Seres de ojos almendrados observándote desde lo alto. La luz es blanca y el comité aprueba tus acometidas. Lo curioso es que el sentido de lo bizarro acaba de poseer al relato. De hecho ya hace un rato que lo ha sometido.
Cuando te corres la habitación queda inundada por el olor a esperma y la fluidez del líquido. Despertarás del sueño completamente pegajoso. Ella seguirá a tu lado, dormida, satisfecha, apestando a sexo. Ellos te verán y te respetarán porque has sabido ser valiente y hacer la pequeña proeza que te han pedido; subir por la cama gigante y entrar en su coño de un modo espiritual, honrando su sexo y con ello, su naturaleza misteriosa. Acabas de follarte a una extraterrestre. Una mujer de sonrisa cálida y dientes perfectos. De pómulos preciosos y piernas largas y blancas. Ellos han sabido mostrar la imagen que tanto deseabas. Despertarás recordando el año en el que mutaste y elegiste morir para volver a nacer. Nadie va a entender lo que trato de contarte. Nadie querrá escanear con las retinas el contenido del relato; los tres entes que viven contigo cambiarán de parecer en cuanto les dé la gana. Así que aprovecha, ya que has aprendido a subir por una cuerda, asciende por las patas de la cama, deja que ellos te observen mover la cadera. Fóllate a la mujer de pelo salvaje y rubio y en llamas mientras tu espalda es una serpiente haciendo la muda.
Te acordarás del año en el que decidiste tragarte tu existencia mediante la ingesta de siete pastillas blancas, tranquilizantes, balas químicas que te hicieron perder el sentido. Te acordarás de ello mientras acaricias su piel, mientras el comité aprueba tu vida y elige el siguiente destino para lo que esconde tu carne, piel y huesos. Retuércete de placer. Fóllate al tiempo y sonríe al horizonte de tu nueva vida. Es lo único que podrás hacer cuando te acuerdes del año en el que sufriste para ser quien eres ahora.
Futuro, presente condicional. Cárcel para mentes que mueren en el barro. Asciende siempre que puedas, elige a los tres que van a acompañarte. Muerde el anzuelo de la vida que se te ha otorgado.
– ¿Cuándo vas a volver a follarme?
Siente la calidez de su lengua recorriendo la largura del pene. El placer que no pudo sentir durante dos años. Se acuerda de su vida anterior y la desprecia. Necesita a la mujer de pelo bañado por los rayos ultravioletas. Recorrer con los dedos la montaña pelada de su hermosura. Lamer. Observar unos pies perfectos. Las gotas de sangre que son sus uñas pintadas. Follar en el espacio sin reconocer el lugar en el que estás. Es como uno de los recuerdos de Strieber bajo el poder del péndulo; no sabes dónde estás, pero el lugar te es familiar. Como uno de esos recuerdos que vuelven de repente y no sabes por qué. La poesía es una nave interestelar sin destino fijo.
Conservarás alguno de tus recuerdos una vez ella se despida de ti. Pero todo ello depende de los ánimos que sientas y de las ganas que tengas de surcar el espacio con la mente. No es que estés loco, solo te gusta usar la mente a modo de aeronave y abusar de la velocidad hiperespacial. Tu esperma, saliendo despedido de la lanzadera del pene, es una nave nodriza en busca de supervivientes. O al menos eso es lo que ellos te han inculcado en la cabeza. Eres el adoctrinado de la vida ultraterrestre. Eres lo que nunca pensaste que llegarías a ser.
Bajo su cuerpo y sometido a su poder, ella lo mira desde arriba y observa como sus pechos casi le tocan el rostro. El placer se ha aumentado y la vida parece volver a tener sentido. El recuerdo opta por adoptar un matiz inusitado: vuelve a sentirse hombre del espacio dentro de la cápsula del erotismo poético. Todo ello es debido al juego que parece divertir a quienes lo han creado.
Te acordarás de todo una vez el péndulo esté quieto, solo que esta vez quizá la mujer del espacio siga a tu lado, en las dunas blancas y apestosas de sexo y poca ventilación. Conseguirás verte a ti mismo cuando el sentido del relato adopte tintes insospechados.
Dolor y vida.
Deja que los hombres del espacio sigan jugando a los dioses.