
Filamentos de pensamiento caen en el suelo de la cubierta. Pensamiento alienígena alborotado por cientos de miles de gritos proferidos por estrellas. Estupor generalizado. Personas abducidas ascendiendo hacia futuros imposibles. Se apaga la luz en el interior de la cabeza. La locura está a punto de cruzar el umbral de la cordura. Lo sé porque he jugado en la frontera. Lo sés porque me creo loco. Me creo especial jugando a los astronautas cuando cierro la luz y noto como el beso de la química me reduce a un ente hecho de carne que no sirve absolutamente para nada.
Reacción. Estupor. Gente entrando en la nave de la locura. El barco es grande y está repleto de seres bajitos, verdes, lentos, extraños; en realidad, maravillosos. Esoterismo en dosis mínimas para sustituir las creencias en seres de otro LUGAR. Conjuro nórdico que no entiende de astronomía. El viento es tan fuerte que me golpea dentro de la cabeza. Tormenta cósmica sinónimo de tormenta en el planeta Tierra. Vamos a jugar a los abducidos.
Vamos a follar con la escritura automática.
Todo esto pierde sentido cuando trato de explicar, de hallar un sentido a la abducción. Recuerdo un ente atravesando la puerta de mis sueños. Una mujer seduciéndome en un río lleno de cajas de juguetes. Un bulto en mi pene; debería operarme. Debería cuidar más el baile de la masturbación. Una mujer negando mi sexualidad. En realidad es la canción de cada noche. Los sueños son el reflejo de la mente. MENTIRA. Los sueños son guiones escritos que me introducen cada noche en la cabeza con una jeringuilla metálica.
Vamos a codearnos con los locos, los insanos, los que dicen que nunca ocurre nada en sus mentes.

Filamentos de realidad cayendo sin remedio como lágrimas de pena por la muerte del padre. No puedo recordar nada de lo que ha ocurrido. Tengo marcas en el brazo. Sueño otra vez con la mujer de río, rechazándome. Sueño otra vez con ella mientras mi padre me mira desde la otra orilla. Se siente defraudado; el tono de su piel es gris y su expresión delata un cierto enfado. Pienso en lo que aprendí meditando. Trato de poner la mente en blanco pero ella siempre aparece. No puedo recordar que ocurrió exactamente, pero sé que ELLOS lo saben.
ELLOS siempre lo saben todo. Sus mentes son cálculos matemáticos y teorías inimaginables. Siempre tratan de engañarme; no puedo recordar ni como ascendí a la nave. Solo puedo pensar en el río y en la chica que me rechazó. Agua corriendo hacia abajo. Mi padre con el rostro gris blandiendo su enfado hacia mi fracaso.
Aparece ante mí una sala de color blanco; creo que algo trata de engañarme para que no pueda recordar. Una jeringuilla clavándose en mi sien izquierda. Música embrionaria. Un feto dando vueltas dentro de un tubo relleno de un líquido transparente.
Vamos a bailar con los recuerdos, la experiencia vivida es el mayor engaño de la mente. Vamos a distorsionar los hechos.
Llorar no va a servirme para nada. Cierro los ojos y trato de volver al estado meditativo. ELLA abierta de piernas, riéndose de mí. No tengo intención de acercarme porque sé que va a rechazarme. La sala blanca es el mejor refugio en estos momentos. Noto como si me fuera familiar. Toda esa luz bañando mi cuerpo desnudo, blanco, cicatrices configurando una vida repleta de errores. El mapa de la existencia cubierto por una capa de grasa que favorece que no me salgan arrugas. Se acercan hacia mí. Creo que estoy en una camilla.
Son pequeños y parece que saben lo que hacen.

Vamos a jugar con la línea del espacio-tiempo. Engañémoslo. Vamos a dar forma a nuestro modo de ser.
Tubos entrando y saliendo por mi cuerpo. Ya no sé quien es mi padre, pero su imagen me es muy familiar. Es curioso porque sé que es mi padre pero a la vez es como si no lo supiera. Parece que pierdo el sentido porque ya no puedo volver a la meditación. Alguien me toca la pierna. Una mano subiendo por el cuádriceps hasta llegar al hueso de la cadera. Una mano que me es muy familiar.
Su beso me descoloca. Su beso me llena de algo que nunca he experimentado. Una aparición espectral en carne y hueso. La chica del río haciendo surf con las yemas de sus dedos en mi piel. Ahora ella no me rechaza. Me lame la piel y se sienta encima de mí. Me duele el cuerpo pero a la vez me gusta. El comité aprueba la postura. Aplaude mi entusiasmo materializado en una erección vulgar. Para ellos el sexo es un ritual. Para el ser humano un espectáculo. Saliva y placer y punzadas de dolor en la cabeza. Creo que estoy conectado a algo.
El grito de una estrella me desgarra el pecho y ella empieza a lamer la sangre que se escurre hasta el suelo. El comité baja de su orgullo, se acerca a mi posición y se dispone a comer lo que sale de la hendidura. Noto como me arrancan el alma del cuerpo y me siento un ser etéreo que flota por el espacio sin rumbo.
Destino final: el vacío existencial. Próxima estación: la no-muerte eterna.
Rememoro momentos de mi vida terrenal y lo que me hizo sufrir me parece irrisorio. No existen motivos para sentirme mal y para hacerme sonreír. No tengo cuerpo. No tengo un lugar en el que verter el resultado de mis decisiones. Ahora soy negrura y nada y tiempo que no avanza. No me importa ver como se comen mi carne. No me importa ver que el espectáculo del canibalismo está instaurado en la vida alienígena. Siento que floto durante mucho tiempo por un océano de color negro. Soy capaz de nadar sin brazos. Soy capaz de nada sin agua. Lo haría durante un millón de años.
Vamos a devolverlo a su sitio. Vamos a hacer que deje de sentirse ajeno a las emociones humanas.
Otra vez en el río, nadando a contracorriente, pero esta vez aún llevo los cables conectados en la cabeza. Locura. Ella me está mirando desde el otro de la orilla. Me detengo. Me pongo en pie y la miro y ella me guiña el ojo y me felicita por mi labor en la empresa sexual que hemos llevado a cabo en un pasado inmediato. El río está lleno de cajas de juguete. Muñecos de acción y naves espaciales. Hombrecillos verdes y pistolas de rayos láser. Ella se acaricia el vello púbico y me tira un beso con los labios.

Vamos a borrarle la mente. Será mejor para él que no sepa de lo que somos capaces. Vamos a transmitirle información engañosa.
Tengo una cicatriz en el pecho, pero no recuerdo nada de nada. Me siento vacío. Otra vez tengo la mente en blanco. Trato de volver la vista atrás, de rememorar lo que me ha ocurrido, pero no soy capaz de establecer contacto con ninguna de las imágenes que, estoy seguro que han acontecido en algún plano astral. Me fuerzo a mi mismo, indago en todos mis recuerdos. Me duele la cabeza de tanto pensar. Vuelvo al estado meditativo para descansar. Recuperarme. No puedo. Si esto fuera una película me habría salido una gota de sangre por la comisura de un ojo.
Tan solo puedo ver a mi padre con el rostro serio y la piel gris, mirándome desde la orilla de un río repleto de cajas de juguetes. Cierro los ojos y pongo la mente en blanco. Quiero dejar de pensar. Quiero dejar de sentir cierta sensación de engaño. Tengo un poco de miedo y los ojos de mi padre, mirándome con desdén, no me ayudan a relajarme.