Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral

Consumido por el tiempo el avance se hace lento y aunque seas un hombre rápido, hay algo que parece atarte a un árbol para consumirte mientras crece todo a tu alrededor. Ya no sabes si alzar la vista al cielo o esperar al fenómeno; la realidad se come una buena porción de un proyecto llamado ILUSIÓN. ¿Qué haces esperando su llegada cuando sabes que, quizá, nunca va a ocurrir? Hay quien dice que la depresión no puede curarse con un avistamiento ovni, o con la simple y perfecta belleza de una ola arrastrando un hotel de siete estrellas; simplemente hay que actuar aunque sientas un enorme peso arrastrándote hacia el final.

¿Quién dice que el final es negrura y una eterna carta de ajuste?

Observando el contoneo de una de las integrantes de Salt N Pepa en la pantalla FULL HD de tu cabeza, te acuerdas de la fotografía del agujero negro que tanto esperabas, pero, ¿no prefieres la música electrónica taladrándote el tímpano como banda sonora del aterrizaje de un UFO en tu jardín? Hay días en los que piensas en tirar la mesa de exterior que compraste en una central del consumo instantáneo (AKA-IKEA) para dejar un poco de espacio para la supuesta nave. Otros días ni tan solo puedes levantar cinco kilos con un solo brazo. Da igual. La idea de la existencia de siete civilizaciones distintas en la Vía Láctea aleja a la figura oscura que se dibuja en tu pensamiento en forma de idea divergente; muchas veces deduces que la variante de Amahl Farouk que retuerce tu felicidad, o lo que consideras que lo es, sigue un proyecto cuyo fin pretende aniquilar lo hermoso que cabe en tu cabeza. Vale, sí, has mezclado y has jugado y has juntado sustancias prohibidas, pero qué más da, la idea de creerte una especie de Legion et fa trempar, que cony.

En la oscuridad que confiere la noche ves un violín derritiéndose en lugar de las luces que “lo iluminan todo”. Crees en la existencia de un TODO en el Universo que juega a ser un Caballo de Troya ante la visión de los humanos. Ya te has vuelto loco, te acabas de dar cuenta ahora mismo, cuando escribes esto. Por eso difieres ante las cabezas pensantes que dicen que le mundo es cuadrado y que no hay vida en el espacio. “Dadme una pastilla. Dadme unos azotes. Quiero ver como aterrizan en el jardín, joder”.

Suena música parecida a la banda sonora de Los Vengadores. Una luz refleja tus zapatillas de correr, saltar y perseguir a ladronzuelos en Ciutadella-Vila Olímpica. Una luz que te quema las retinas y te hace llorar de alegría. Da igual si es un engaño. No importa que la nave no quepa en el jardín. Algo baja desde el cielo y parece una bacteria gigante que canta temas de Alan Silvestri. “Oh my god. Quiero más mierda como esta”.

La bacteria gigante se posa encima de la mesa que no has quitado y dota a la pared de tus casa de tonos azulados. Es hermoso. Es extraño. Pero te gusta tanto que apenas parpadeas cuando la música de Silvestri parece detenerse y oyes una voz que parece que salga de tu cabeza.

“Te queremos mucho papi. Queremos regalarte un ramo de flores. Mi amol. Mi tesoro”.

Sabes que es tu imaginación, que al igual que el antihéroe Legion tienes una app mal instalada en el sistema. Que has oído tantas veces la música de Silvestri que brota solita por el dolby surround de tu materia gris. Tratas de alejar la voz mediante una ingesta extra de anti-negrura-mental-espacial-incontrolada. “Oh sí. Todo es calma y mares lisos como espejos recién pulidos”. Pero la bacteria sigue ahí y la luz azul baña tu rostro igual que los personajes de Avatar mientras suena el teléfono. Es el fijo.

Corres hacia el interior del habitáculo y descuelgas el auricular y oyes una voz que te saluda y te dice que lo que está en tu jardín es real y que no hace falta hacerte creer en hombres verdes del espacio y platillos en forma de puro. Que la vida ultraterrestre existe y que no importa que te llamen chalado. Que tienes un cometido importante en la Tierra y debes abandonarlo todo para implicarte a tope con ello. También te piden disculpas por parecer unos antiguos y llamarte por el fijo en lugar de por el móvil. Te ríes y les dices que da igual, que pasas bastante del móvil y que estás muy emocionado por su visita. Antes de colgar les dices si pueden adoptar la forma de Latoya Hanson cuando tenía 20 años. Pero al volver a salir al jardín vuelves a oír el teléfono. Descuelgas y la misma voz te dice que los acompañes a dar una vuelta.

Corres al exterior y te postras delante de la bacteria. Cierras los ojos debido a la cantidad de luz que trata de violar tus cuencas y al volver a abrirlos, tienes enfrente de ti a Latoya Hanson invitándote a entrar en una nave similar a un platillo.

Entras dentro y la narración despega a una velocidad superior a la de la luz para aterrizar en un punto aleatorio en la Vía Láctea, cerca de la Constelación de Sagitario. Olvídate de ti y de lo que ha aterrizado en el jardín. Latoya ya no existe. Concéntrate en la narración y en su metamorfosis.

Mediante oscuros designios el sistema circulatorio más parecido a un circuito linfático que conforma la base y desarrollo de la bacteria, construye un destino distinto al habitual trazado de cotas que va superando mediante el avance por la negrura espacial. Es una idea subyugante aquella que obliga al sistema entero a moverse por motivaciones especiales, pero la necesidad se hace latente cuando identifica, algo lejos, un ente que tiene las puertas abiertas a nuevas creencias para la obtención de nuevos significados. Los de su especie lo denominan alienado, y qué mejor denominación para usarlo como tonto útil ante el deseo de utilizarlo por el mero hecho de jugar con la especie.

Sabe que los de dicha ralea (especie humana) son fácilmente manipulables mediante algo que esconden en su mente y que algunos llaman miedo. Sabe que es como una app que no se puede desinstalar, que necesita dicha emoción para suplantar a otras y así mantener un equilibrio. Pero es todo un engaño de la mente; una trampa emocional que combate en todo momento al raciocinio. La bacteria lo encuentra todo muy primario, pero le divierte. Sabe que los humanos, de pequeños, destrozan hormigueros para divertirse, así que la masa viscosa que tiene por órgano pensante, visualiza un futuro inmediato visitando la Tierra y organizando un festival de la estafa.

Con el lento avance de sus brazos orales fija su destino en el planeta azul y estudia la vida del alienado para organizar una Operación Caballo de Troya en toda regla. Sabe que el alienado se mueve por la pasión que esconde la razón, sabe que esta última también puede entender de pasiones, así que mueve sus filamentos con lo más parecido a un sentimiento motivacional; es su forma de expresarse a la vez que avanza para provocar el shock y el terror y la vida incómoda en un ente que sufre. Porque su origen es el planeta Orión, mucho tiempo olvidado en su materia pensante. Orión es lo que el reportero Keel menciona en boca de otros como una variante de infierno. Y la bacteria que flota en la negrura, ¿es un demonio?

Alejado de teorías extraídas de la mística cristiana humana y mediante la distorsión narrativa de este relato, la bacteria nos hace creer que es una bacteria, pero en realidad es otra cosa que nunca vamos a conocer. No podemos definir con palabras humanas lo que ha nacido en otro planeta. Pero sí que podemos visualizar a una bacteria flotando por el espacio. Así que sigamos los designios de su circuito linfático para llegar a la Tierra y descender en el jardín del alienado, que suspira por las curvas de trazo femenino y la música que unos llaman banda sonora y otros ni mencionan.

Y como su fuera el engaño que algunos emisarios tratan de hacernos creer, la narración no está segura de serlo, ni quien la escribe es ente que utilice la métrica ni las formas clásicas de la palabra escrita porque, en realidad, todo es un engaño y ya no se está seguro de nada en la era de la hipernormalización. Si el ocaso de la razón ya ha llegado, veamos que nos sugiere el relato si nos dejamos llevar por este y la escritura automática, puesto que ahora, justo en este mismo momento, quien escribe estas palabras deja entrar en su cabeza al ente LAM, aquel que entró en la mente de Aleister Crowley cuando practicaba un ritual sexual mágico con la médium Roddie Minor.

Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral. La materia oscura que conforma al ente se encuentra chocando de frente con el muro del engaño político. Marcha atrás en juegos sexuales intimidatorios. Gran rostro que da vueltas multiplicado por siete la locura del niño que se tira de cabeza a su realidad alternativa. Extracto de salvia. Hombres cabizbajos porque les dicen que agachen la cabeza para tomar MÁS SOMA huxleyiana. La bacteria engaña al chico mentalmente perturbado por el loquero que le dice que lo está y los pechos de Latoya se mueven mientras la nave en forma de puro sobrevuela un océano de locura lovecratiana.

Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral. La gran masa azul, también viscosa y repugnante a ojos de un niño expectante le muestra cómo construir un motor sin necesidad de energía mecánica. La materia oscura le enseña la sencillez de la física aplicada en un formato totalmente novedoso para su mente. Para tu mente. Porque eras tú el que se ha subido a la nave con Latoya. No disimules.

Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral. La hipernormalización aplicada al relato para que sufras al no entender ni pizca de la locura de quien dicta estas palabras. Al tirarte de cabeza a la oscuridad de tu realidad alternativa entiendes la forma de construir un motor sin mecánica y por un momento eres genio pero no como Crowley. Y enseguida quieres volver a tu casa y pensar mientras fumas y pensar otra vez en la construcción de un motor usando la energía provocada por el empuje de un cuerpo en movimiento.

Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral. Vuelves a ver a Latoya hermosa y reluciente con su traje de plástico transparente y no puedes dejar de mirar su piel perfecta. Let’s talk about sex. Hablemos de la orgía de Crowley y Minor y dejemos que LAM se largue de esta narración. Vuelves al punto de partida.

Ya no existe la luz azul.

Cierras los ojos y sueñas con las teorías de Keel y la piel de Latoya. Un sofá. Tu casa.

Ojos blancos-cabeza que sufre elefantiasis-razón hipnótica-esperpento sideral. ¿Quién te ha dicho que esto ha terminado? Esto es solo el principio. Vamos a pensar en física sin necesidad de energía motor. Bueno, en realidad tú vas a pensarlo.

Levántate y empieza a construir.