
Siempre he pensado en la escritura automática como el mejor modo de atravesar el portal hacia un mundo paralelo. El mundo de los sueños, claro escenario de diversas situaciones en las que vivimos a diario, nos muestran como nuestra mente puede llegar a incrementar la sucesión de escenarios que nos sirven a modo de hábitat a través de la recolocación y posterior “digestión” de los sucesos acontecidos durante el día, mediante nuestros pensamientos, para analizar de un modo silencioso, todo lo sucedido.
Mediante el método de la escritura automática, el escritor Whitley Strieber cruzó la línea invisible de los dos mundos en los que nos desarrollamos para mostrar su visión del fenómeno de la captación extratrerrestre usando la conexión al mundo paralelo al que estaba acostumbrado a visitar durante las horas nocturnas. Es probable que cada noche crucemos el límite impuesto por nosotros mismos apelando a la razón, para sumergirnos en un mundo distinto pero familiar en el que somos los protagonistas de nuestro modo de ver las cosas y estas, se vislumbran en formas a veces totalmente inimaginables.

No es la primera vez que soñamos con formas animales para representar un modo de actuar, un miedo o incluso una situación personal. El enfoque siempre es el mismo pero el pensamiento es el que nos indica que estamos viviendo una misma existencia en dos planos distintos. Otras veces lo grotesco se torna algo hermoso para, simple y llanamente, enseñarnos a nosotros mismos que no todo lo bello siempre se basa en la simetría de las formas, sino que cada uno habita en un planeta de pensamiento distinto. Podemos conformar millones de galaxias solo contando como planeta nuestra forma de ver las cosas, puestos que somos seres complejos, repletos de seres microscópicos en nuestro interior, y la sola definición que nos hemos inculcado debido a nuestra forma de ver las cosas, no es suficiente para definir lo que en realidad creemos ser.
Mediante la escritura automática nos conectamos al otro lado de la mañana y nos situamos dentro de los mismos parámetros mentales siempre bajo focos distintos. Whitley Strieber quiso entender lo que ocurrió en su casa a 100 kilómetros de Nueva York, cuando vio como unos seres abrían las puertas de su dormitorio y se lo llevaban a una nave ultraterrestres para experimentar con él.

Aun así, las experiencias que tuvieron lugar en su casa también fueron apreciadas por algunos de sus amigos que se encontraban en el lugar. Nadie pudo saber nunca si lo visto fue real o fue una misma proyección de la mente de Whitley duplicada ante los ojos de sus compañeros. De hecho, a día de hoy, es tan turbio el misterio que pensamos que todo lo que no podemos explicar es incomprensible. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo que nos es imposible de entender, forma parte de la inmensidad del cosmos. El humano es una pequeña parte de un sistema extremadamente complejo y a pesar de su ego, el hombre nunca podrá ser Dios a pesar de querer jugar a ello. Así que por mucho que quiera, la oscuridad siempre lo rodeará e incluso podrá jugar con él siempre que le apetezca.
Debido al estrés postraumático y al método de su posterior sanación, Strieber pudo comprobar como su experiencia también había sido experimentada por otros, así que la misma proyección convirtió a los partícipes en hermanos de una misma experiencia, siendo esta una proyección de un mundo paralelo multiplicada por miles y diseminada por el tiempo a partir de que la humanidad dejó de creer en los dioses cristianos.
La experiencia es un preámbulo a la búsqueda de la verdad mediante la escritura automática.
Lo que nos incita a buscar dentro de nosotros mismos en realidad es la activación de un sexto sentido que algunos tratan de encontrar en el espiritismo y otros en el fenómeno ovni. El ansia por controlar todo aquello que nos ocurre en realidad nos barra el paso hacia una comprensión mucho más extensa y enriquecedora. Si no controlamos, abrimos puertas y así, dejamos que la experiencia entre de lleno en nosotros. Si nos empecinamos en negar que el mundo onírico y la escritura automática solo son farsas, negamos algo que somos, algo que acontece en nuestra realidad. ¿Quién dice que porque sintamos algo con nuestros sentidos estamos ante lo verdadero?
El sueño, lo que acontece durante su duración, es algo real. Mientras estamos interactuando en él, experimentamos sentimientos exactamente iguales a los que apreciamos estando “despiertos”. El solo significado de esta última palabra, trata de negar lo que somos y lo que experimentamos en el mundo paralelo en el que vivimos la mitad de nuestras vidas.

Es probable que personas como Strieber tengan ciertos sentidos mucho más desarrollados para poder vivir de un modo más sensible, lo que otros vivimos creyendo que estamos soñando. Nuestra mente, cuando creemos volar o saltar sobre las montañas, es capaz de desarrollar la experiencia completa porque existe algo en nuestra alma y nuestro pensamiento que sabe que eso es factible. Pero no este mundo que habitamos cuando estamos “despiertos”.
Se habla de, por ejemplo, los motores de algunas aeronaves extraterrestres que funcionan mediante la física, y no a través de la mecánica. Es probable que todo sea mucho más sencillo y que la escritura automática sea el pasaje del alma para adentrarse en un mundo paralelo. ¿Es la tecnología humana el prologo de una era mediante la que podremos usar la física y la aerodinámica de los cuerpos para desplazarnos físicamente? Es posible que al final todo se reduzca a una variante de ley minimalista en la que sepamos usar las leyes más básicas a modo de tecnología, pero para ello, antes debemos construir a nuestra manera el lugar al que queremos llegar para luego, reinventar el mecanismo para llegar a él de una forma más pura, más verdadera.
Sin escritura no hay conocimiento, y es la palabra la que nos muestra el reflejo del pensamiento; es la única manera de saber hacia dónde vamos y conocer el lugar en el que vivimos.











































