Escritura automática

Siempre he pensado en la escritura automática como el mejor modo de atravesar el portal hacia un mundo paralelo. El mundo de los sueños, claro escenario de diversas situaciones en las que vivimos a diario, nos muestran como nuestra mente puede llegar a incrementar la sucesión de escenarios que nos sirven a modo de hábitat a través de la recolocación y posterior “digestión” de los sucesos acontecidos durante el día, mediante nuestros pensamientos, para analizar de un modo silencioso, todo lo sucedido.

Mediante el método de la escritura automática, el escritor Whitley Strieber cruzó la línea invisible de los dos mundos en los que nos desarrollamos para mostrar su visión del fenómeno de la captación extratrerrestre usando la conexión al mundo paralelo al que estaba acostumbrado a visitar durante las horas nocturnas. Es probable que cada noche crucemos el límite impuesto por nosotros mismos apelando a la razón, para sumergirnos en un mundo distinto pero familiar en el que somos los protagonistas de nuestro modo de ver las cosas y estas, se vislumbran en formas a veces totalmente inimaginables.

No es la primera vez que soñamos con formas animales para representar un modo de actuar, un miedo o incluso una situación personal. El enfoque siempre es el mismo pero el pensamiento es el que nos indica que estamos viviendo una misma existencia en dos planos distintos. Otras veces lo grotesco se torna algo hermoso para, simple y llanamente, enseñarnos a nosotros mismos que no todo lo bello siempre se basa en la simetría de las formas, sino que cada uno habita en un planeta de pensamiento distinto. Podemos conformar millones de galaxias solo contando como planeta nuestra forma de ver las cosas, puestos que somos seres complejos, repletos de seres microscópicos en nuestro interior, y la sola definición que nos hemos inculcado debido a nuestra forma de ver las cosas, no es suficiente para definir lo que en realidad creemos ser.

Mediante la escritura automática nos conectamos al otro lado de la mañana y nos situamos dentro de los mismos parámetros mentales siempre bajo focos distintos. Whitley Strieber quiso entender lo que ocurrió en su casa a 100 kilómetros de Nueva York, cuando vio como unos seres abrían las puertas de su dormitorio y se lo llevaban a una nave ultraterrestres para experimentar con él.

Aun así, las experiencias que tuvieron lugar en su casa también fueron apreciadas por algunos de sus amigos que se encontraban en el lugar. Nadie pudo saber nunca si lo visto fue real o fue una misma proyección de la mente de Whitley duplicada ante los ojos de sus compañeros. De hecho, a día de hoy, es tan turbio el misterio que pensamos que todo lo que no podemos explicar es incomprensible. Pero nada más lejos de la realidad, todo lo que nos es imposible de entender, forma parte de la inmensidad del cosmos. El humano es una pequeña parte de un sistema extremadamente complejo y a pesar de su ego, el hombre nunca podrá ser Dios a pesar de querer jugar a ello. Así que por mucho que quiera, la oscuridad siempre lo rodeará e incluso podrá jugar con él siempre que le apetezca.

Debido al estrés postraumático y al método de su posterior sanación, Strieber pudo comprobar como su experiencia también había sido experimentada por otros, así que la misma proyección convirtió a los partícipes en hermanos de una misma experiencia, siendo esta una proyección de un mundo paralelo multiplicada por miles y diseminada por el tiempo a partir de que la humanidad dejó de creer en los dioses cristianos.

La experiencia es un preámbulo a la búsqueda de la verdad mediante la escritura automática.

Lo que nos incita a buscar dentro de nosotros mismos en realidad es la activación de un sexto sentido que algunos tratan de encontrar en el espiritismo y otros en el fenómeno ovni. El ansia por controlar todo aquello que nos ocurre en realidad nos barra el paso hacia una comprensión mucho más extensa y enriquecedora. Si no controlamos, abrimos puertas y así, dejamos que la experiencia entre de lleno en nosotros. Si nos empecinamos en negar que el mundo onírico y la escritura automática solo son farsas, negamos algo que somos, algo que acontece en nuestra realidad. ¿Quién dice que porque sintamos algo con nuestros sentidos estamos ante lo verdadero?

El sueño, lo que acontece durante su duración, es algo real. Mientras estamos interactuando en él, experimentamos sentimientos exactamente iguales a los que apreciamos estando “despiertos”. El solo significado de esta última palabra, trata de negar lo que somos y lo que experimentamos en el mundo paralelo en el que vivimos la mitad de nuestras vidas.

Es probable que personas como Strieber tengan ciertos sentidos mucho más desarrollados para poder vivir de un modo más sensible, lo que otros vivimos creyendo que estamos soñando. Nuestra mente, cuando creemos volar o saltar sobre las montañas, es capaz de desarrollar la experiencia completa porque existe algo en nuestra alma y nuestro pensamiento que sabe que eso es factible. Pero no este mundo que habitamos cuando estamos “despiertos”.

Se habla de, por ejemplo, los motores de algunas aeronaves extraterrestres que funcionan mediante la física, y no a través de la mecánica. Es probable que todo sea mucho más sencillo y que la escritura automática sea el pasaje del alma para adentrarse en un mundo paralelo. ¿Es la tecnología humana el prologo de una era mediante la que podremos usar la física y la aerodinámica de los cuerpos para desplazarnos físicamente? Es posible que al final todo se reduzca a una variante de ley minimalista en la que sepamos usar las leyes más básicas a modo de tecnología, pero para ello, antes debemos construir a nuestra manera el lugar al que queremos llegar para luego, reinventar el mecanismo para llegar a él de una forma más pura, más verdadera.  

Sin escritura no hay conocimiento, y es la palabra la que nos muestra el reflejo del pensamiento; es la única manera de saber hacia dónde vamos y conocer el lugar en el que vivimos.

Tirar los dados, beber la sangre

Establecer paralelismos entre sentimientos es muy típico de la sinrazón. Solo con un par de desgarros en el corazón sabremos si hemos sido amados o simplemente hemos sufrido lo que unos llaman magia y otros hechizo. La parte oscura de la práctica es capaz de hundir el alma de alguien aunque este no se percate. Lo mismo ocurre con la tirada de dados que el alienígena realiza desde su aeronave. La suerte es un factor inexistente fuera de los parámetros establecidos en el planeta Tierra; muchos son los que dictan sentencia en relación al destino de muchos humanos.

Imaginar cómo los dados caen

Ocultando un destino fatídico

Respira el hombre ante la mujer hechizada

No es tiempo para leer las líneas de la mano.

Bebiendo vino en la calle empieza la retahíla de preguntas cuya respuesta es satisfactoria. Sus labios son negros y su pelo es rojizo; no teme a la muerte porque el Diablo siempre está de su parte. Los dioses cristianos toman protagonismo en el caos espacial. A él le gusta como responde; las bandas de música son compatibles con sus gustos musicales. La ingesta de sangre roja es proporcional al número de preguntas y a sus satisfactorias respuestas. Las comisuras de los labios se curvan hacia arriba hasta que sus rostros se aproximan para besarse. El puente invisible entre labios explota con la succión de la carne que pierde el aire y…

El rubor camufla la constelación de pecas

No es aire sino gas venenoso

Lo que queda entre los dos labios;

La respuesta insonora ante el afecto de dos diablos.

La tirada de dados ha sido factible; hay dos en el planeta que parecen agradarse aunque el ideario programado del amor no tenga lugar entre sus preferencias. Las costumbres parecen cosa del siglo XIX. La matemática de los sentimientos es un capítulo de lo que nunca llegó a escribir Jane Austen. Los dos deberían saber que lo suyo proviene de una tirada de dados, un capricho alienígena. Alguien quiere divertirse.

Porque la pasión es fuerte y la carne debe desgarrarse debajo de la piel con tan solo mirarse a los ojos. El dolor se convierte en goce, la violencia ejercida por las feromonas es un claro indicativo de que los animales racionales pierden todo tipo de coyuntura inteligente para arrancarse la piel y amar la carne. Todo es decisión del hombrecito del espacio; ser de ojos almendrados y piel cetrina que pilota el tiempo y el espacio.

El tiempo corre demasiado deprisa cuando la atracción es grande. Los labios disparan besos como en una guerra sin víctimas. La sangre es el vino y el vino es el puente que une el fuego enemigo. Nunca dos enemigos se habían amado. Nunca la guerra del sentimiento había sido la solución.

Pero cuando se celebra la batalla el ser del espacio observa y no comprende. Quiere entender el acto de juntar las pieles y batallar entre sábanas mojadas, pero su raciocinio no le permite entrever los entresijos de la guerra carnal. Y en realidad no le importa demasiado; le gusta jugar a ser dios hasta que se le sequen los ojos.

La acción siempre ocurre de noche. Nadie ve que él tiene dos marcas en el cuello; dos incisivos se han clavado en su piel. Dos señales que parecen dos lunas de las que mana sangre roja. Sangre oscura como el caos espacial. Ella clava sus dientes en el cuello para beber cuando no le apetece el vino. El ser espacial no se percata del hambre de ella, no sabe que la mitología escandinava también existe en la ciudad moderna, en la megalópolis atacada por la mala gestión y la política de hombres-lobo.

La ecuación se ha roto

Ya no existe una variable predecible

La mujer vampiro muerde el cuello

Explotando así la idea que te habías formado.

Y ya no es un sentimiento predecible el acto de quitar la vida mientras esta última es amada. La contradicción es un pensamiento complejo, una forma de vida que no puede escribirse a la ligera; nadie sabe qué puede ocurrir ante el amor-vampiro dictado por un extraterrestre. Se muta la intención del alienígena para convertirse en regocijo por lo que ha unido; desesperación y afecto. Destrucción y unión. Hechos que se contradicen como un inminente accidente ferroviario.

Porque él parece estar cada vez más débil y ella lo hiere pero a la vez lo ama. Un vampiro necesita amar lo que deshace, puesto que es su modo de ser. Su manera de continuar arrastrándose por el planeta. Solo que esta vez quien ha lanzado los dados y los ha unido se percata de lo que podría ser una variante de final y no desea la muerte de nadie; tan solo quería divertirse. Amar una historia que nunca escribiría. Abandonar la partida para adentrarse en la negrura espacial e ignorar lo caótico de un final predecible. Es curioso como dos conceptos tan distintos pueden llegar a unirse en una misma frase. Pero más curioso es ver como a ella ya no le interesa beber vino con un despojo que apenas pesa cuarenta quilogramos de piel, hueso y sentimiento deshinchado.

No existe el deseo vampirizado

Cuando el alma es un pañuelo mojado

No hay nada más poco sabroso

Que la sangre que no es vino.

En un arrebato de autosuficiencia, ella abandona el cuerpo exhausto de amor y falta de sangre y se adentra en un local repleto de sangre fresca y juventud eterna. Lo hace por amor, puesto que no es capaz de terminar con la vida de aquel a quien ha amado en secreto, puesto que la muerte es vida cuando el sentimiento abre los pétalos y nace la flor roja de carne y sangre dulce. El cuerpo del amado es ahora un despojo que podrá volver a vivir gracias a la ayuda del hombre del espacio, que a sabiendas de a quien a abandonado, sabe que en ocasiones el humano es fuerte si el motor es capaz de impulsar el alma. Solo con ello es capaz de alejarse del planeta a través de la negrura del espacio. El caos hará el resto. La resurrección es inevitable.

La carne recubre al hueso

La vida rebrota en el laberinto del sistema nervioso

No hay nada como sentirse vivo

A pesar de la dulzura con la que se ha visto degradado.

Vida interior y sueños metabólicos

La producción de testosterona al levantar peso convierte al último ser de la creación (nosotros) en una versión superior a sí mismo. Las sustancias que segrega el sistema endocrino mutan durante cierto tiempo la visión periférica del ser humano y la concepción que este ha adoptado durante todos los años de su existencia. No es difícil encontrar a seres humanos observando la rareza del aumento de sus sistema muscular frente a un espejo una vez han terminado una de las fases de su entreno físico. El hombre se ve a si mismo con las facultades alteradas por la magia que se excreta en el circuito oculto de su sistema. Un press de banca puede llegar a convertirte en un semidiós durante un par de minutos; la sangre bombeada parece contener algo más que glóbulos rojos, glóbulos blancos, leucocitos y plasma. La sangre nos engaña los sentidos mientras que tratamos de hacer una proeza silenciosa; no es necesario advertir a nadie de nuestros progresos en nuestro ámbito personal.

De la misma manera que creemos en lo que vivimos cuando soñamos, el engaño de las sustancias que recorren nuestra apreciación de las cosas puede hacernos sentir superiores de un modo inaudito. Quizá seamos seres mejores que otros durante el poco tiempo que el cuerpo tarda en recuperarse y los sarcolemas del músculo se dividen para crear nuevas fibras musculares. Practicamos magia sin necesidad de conjuros ni rituales. Rompemos fibras bajo la piel para crear otras y así, mutar en seres más fuertes que otros. La homeostasis se ve alterada ante el estrés producido por la violencia de un peso que se hace resistente, de ahí que se produzcan milagros bajo la piel del tamaño de una célula. La unión entre una neurona y una célula provocan la chispa que nos hace levantar una resistencia y así, superarnos al día siguiente.

Somos bestias mutantes que cambian a velocidades muy moderadas. Quien nos esté viendo desde otro planeta quizá se sorprenda de nuestros pequeños progresos personales. Solo estos pueden definirnos como seres cambiantes, puesto que la mutación a niveles más rápidos, solo pertenecen al género de la ficción escrita. Pero, quien nos esté viendo sabe de nuestros logros y se introduce en nuestros sueños para insuflarnos ánimos, locura, motivación en cápsulas de duración determinada. Podemos saber que mañana levantaremos mucho más peso que el anterior cuando soñamos que, mediante la sucesión de imágenes mentales que suceden a toda máquina por nuestro propio imaginario nocturno (muchos escenarios acostumbran a repetirse, siendo estos una versión de nuestras sensaciones), algo o alguien nos dicta que el trabajo producido por el músculo puede rendir de un modo más intenso mediante la visión de un cielo totalmente azul, mientras realizamos ejercicios sobre la parte más alta de una montaña. Nos sentimos fuertes al recordar el sueño y la sensación de plenitud desea repetirse, queremos creer que el lugar que hemos visitado por la noche es real, es una parte de nuestras vidas; tiempo invertido por el ojo invisible de la mente.

Existen distintos seres que nos insuflan deseos y motivaciones durante el periodo de sueño. Este tipo de agentes pueden ser originados en otros planetas o en nuestra propia mente, solo hace falta un poco de amplitud de miras para decidir de que lado estamos. Si nos consideramos hombres de mente abierta, podemos pensar en algún tipo de máquina creada por seres ultraterrestres que puede emitir un tipo de radiación capaz de interferir en el sueño. Whitley Strieber es un ejemplo de como un hombre puede rozar la locura cuando este tipo de personajes se introducen en tu vida interior. El escritor estuvo largo tiempo sometido a la hipnosis para poder determinar las intenciones de los seres que “lo visitaron” durante la fase Rem del sueño. La viveza con la que se aprecian los sueños puede llegar a ser abrumadora. Muchas veces podemos confundir pequeños detalles vividos durante la parte “real” de nuestra vida con revelaciones o simples sensaciones emitidas por nuestro sistema nervioso durante las horas de sueño. La confusión puede llevar a hacernos sentir un sentimiento de revelación. Como si lo sucedido fuera más importante que el resto de sensaciones que experimentamos.

Este curioso factor inducido por estos seres ultraterrestres mediante la activación del sistema nervioso nos lleva a querer repetir las sensaciones soñadas del único modo que sabemos; la acción es el único agente con el podemos contar puesto que somos animales con un sistema muscular impresionante. La mutación lenta se desarrolla enfrentándonos a resistencias inamovibles, de ahí que aumentemos el número de fibras y nos convirtamos en una versión mejor que la anterior. La secreción de sustancias del placer que tiene lugar en nuestro cuerpo nos ayuda a aceptar con gratitud los cambios sometidos.

El ser superior que nos induce a modificarnos a nosotros mismos no es sino una versión superior de su misma raza alienígena. No es su obligación hacernos mejores, pero disfruta con ello a pesar de que desconozcamos el motivo de sus intenciones. Para algunos somos la raza cosmológica última, la versión mejorada de la vida en el cosmos, pero para otros somos las mascotas de la vida extraterrestre. Es difícil saber, en el caso de creer en este tipo de teorías, la razón por la cual se nos induce a mejorar mediante los motivos anteriormente comentados, pero sí que podemos disfrutar de una vida mejor y aprovechar los recursos que generan nuestros cuerpos gracias a este tipo de ayudas.

La teoría nos sitúa como seres inferiores a aquellos que nos ayudan a ser mejores, puestos que los recursos utilizados y la maquinaria que poseen es superior a nuestros conocimientos. La carrera espacial está muy atrasada en comparación con la maquinaria utilizada como transporte mediante lo que conocemos por física aplicada. La vida ultraterrestre puede basarse en conceptos básicos como la física y las reacciones químicas simples que conocemos, o almenos con conceptos muy parecidos. Finalmente y con el paso del tiempo es la esencia de las cosas las que perduran, así que podemos deducir que algún tipo de “magia” mecanizada por teorías físicas es la que impulsa sus vehículos y pone en funcionamiento sus máquinas. Es probable también que radares similares a los que poseen los murciélagos y que podrían ser activados mediante un tipo de maquinaria basada en músculos animales, la que bien podría alterar nuestra fase del sueño para inducirnos caracteres y sensaciones que recordemos durante el día y nos ayuden a mejorar.

La vida ultraterrestre puede parecer compleja, pero nada más alejado de la realidad. La esencia del cosmos y sus misterios es lo que construye todo lo habitable, comenzando por los pensamientos y motivaciones que se alojan en nuestra cavidad craneal. Creamos en la ayuda exterior. Mejoremos con la aceptación de un tipo de vida que no desea ser revelada del modo en que imaginamos.

Área 51

La parte que nos toca contar relata los acontecimientos que nutren el imaginario ovni. Miles de personas se reúnen en torno al Área 51 para ser espectadores y a la vez partícipes de la masacre que el Gobierno se supone que tiene preparada para ellos. A los adoradores de lo macabro, de la entidad espacial que dibuja el cosmos, les encantaría pulsar el botón que reanime a la bestia omnipotente, pero la imagen de tanta carne y tanta víctima inocente en torno a sus mandatarios, les apena a la vez que nubla en cierta manera el ansia por hacer que todo sangre. El hombre cree ser libre pero dicho sentimiento es una variante de campaña publicitaria que dirige su vida. El mandatario tiene el control, puede apretar el botón, es como la bestia del cosmos que todo lo ve y espera el mejor momento para chasquear los dedos y hacer que todo desaparezca.

La parte más oscura de lo que está a punto de acontecer proviene de una mente que no sabe si está bajo su total control cuando teclea el relato que se supone, dejarán de leer a la mitad aquellos que esperen un texto de estructura clásica. La narración puede retorcerse al igual que lo hace la vida abriéndose paso hacia la negrura del cosmos. Las palabras están construidas con la misma magia con que lo hace quien las crea, quien las repite, quien esculpe con materia invisible.

El público rodea el edificio repleto de experimentos con alienígenas, de misterios y de farándula del espacio exterior. Algunos se construyen sombreros de papel de aluminio, al igual que en las películas otros esperan ver algo para sonreír en silencio en sus camas individuales horas antes de acudir a sus obligaciones reales. El espacio exterior lo tiene todo programado. Teclear palabras en este momento ya estaba previsto. La originalidad es una palabra para infantes que juegan a ser distintos. Pero lo distinto en realidad es lo de siempre, ya no existe la magia porque incluso se han apropiado de su nombre. El Área 51 está repleta de imbéciles emulando a Mulder y Scully.

Podemos hacer el amor con los conceptos, jugar a los malabares con piezas de nave extraterrestre, arrancarnos una muela creyéndonos brujos, pero siempre sabremos que el único lugar al que podemos acudir para sentirnos especiales ante los demás es el Área 51. Un extraterrestre no desea formar parte de nuestro planeta. Ni tan solo congeniar con nosotros. Estamos demasiado infantilizados; aún nos gusta jugar a los disparos. Ellos saben que invocando al monstruo oscuro, a la Dark Prophecie, al Color surgido del Espacio, todo puede irse cañería abajo, pero prefieren ver como los hacemos nosotros solos.

El chthuluceno nos ayuda a comprender nuestros errores, de ahí que ni al mandatario le apetezca oprimir el botón rojo, ni a la bestia del cosmos arrasar con todo; es más divertido ver como el objetivo se cumple sin mover un solo dedo. Es mejor ver como todo arde sin tener un encendedor en el bolsillo.

Aun así, en lo alto de los cielos, al ente que se esconde detrás de la pantalla y que espía la escena desde su aeronave le apetece hacer algo con el cúmulo de carne y locura que trata de caer bien a los hombrecillos del espacio. Sus ojos de reptil parpadean a intervalos demasiado largos, su lengua repasa la sierra de dientes que se esconde bajo la capa de carne que le sirve de boca y su órgano que le sirve para ver, pensar y analizar necesita ponerse en marcha. Planea un golpe, algo parecido a un pequeño altercado en la Tierra, pero no de demasiada importancia, algo que en dos o tres días se haya olvidado. O quizás sea más divertido jugar a ocasionar la catástrofe. Mediante su capacidad para hablar con los dioses pide permiso para prender la llama, sabe de antemano que no se lo van a otorgar, pero de todas formas lo hace.

Aprieta un botón del tablero de su nave.

Una pequeña explosión en la superficie de la Tierra hace que medio centenar de cuerpos se agiten en el aire y vuelvan a caer al suelo. El resto de personas observan lo que ocurre. Nadie dice nada porque ya hay alguien desgañitándose con otro espécimen de su propia especie. De los rasguños de voz pasa al mordisco, a la rabia, a los ojos inyectados en sangre. El lagarto de la nave a ejecutado su pequeño plan perverso, su juego interdimensional, su alegoría de la sociedad de consumo humano. El caos es ahora un titular en primera plana. Los unos se atacan a los otros; la sociedad vive su verdadera realidad consumista. Consumamos hasta la carne del vecino; quítale el sombrero de aluminio y pégale un mordisco.

El ente reptiliano disfruta de lo que ve. La gente empieza a perseguirse. Hay quien huye. Existe también la figura del que acecha. Pronto quedarán todos sumidos en una anécdota en la historia de la extinción de la humanidad. O quizás no.

Hay sangre en el suelo porque cada vez que alguien muerde a otro, este se contamina. Igual que en las películas baratas de muertos vivientes todos corren por el único y verdadero motivo. Solo que esta vez la muerte ha sido gracias a un reptil que pilota aeronaves ultraterrestres. Los actores secundarios se empiezan a percatar de lo que ocurre. El muerto viviente forma parte de la esencia que comprende la vida del cosmos. Todos somos energía viviente que pasamos de un cuerpo a otro; el zombi es la evolución del cuerpo inútil que deja de serlo y sirve a un propósito simple, una variante de retorno a las necesidades básicas de todo ser viviente.

Los dioses observan con horror como el curso de la historia del hombre ha girado de un modo tan inaudito. Ya no existe el destino, al igual que las narraciones, la historia del ser humano puede sufrir tantos cambios como intenciones perversas existan. Ellos observan el cambio que está aconteciendo. No quieren participar en la perversidad de las vibraciones que emana el ser reptiliano que ríe de un modo distinto al humano. Aun así se sienten traicionados y disgustados.

El ejercito que defiende el Área 51 dispara a los cientos de mujeres y hombres que corren hacia ellos con sangre en sus mandíbulas. Algunos caen al suelo y otros se arrastran por el suelo con los ojos inyectados en sangre. No hay modo de detener el estropicio. Los muertos en vida cada vez son más, algunos siguen llevando el sombrero de papel de aluminio sobre esas expresiones de odio exacerbado. El edificio del Área 51 cada vez está más desprotegido.

Los soldados van cayendo para volver a levantarse. Ya no necesitan sus armas. Ya no desean abrir fuego. Todos corren hacia un lugar concreto, hacia donde saben que encontrarán más vidas a las que convertir. Algunos miran al cielo, hacia la dirección donde se encuentra la nave que les ha otorgado su nueva forma. Avanzan hacia el edificio cada vez más vulnerable. Saltan las vallas, revientan las verjas, arrasan como si fueran pequeños Panzers de carne y hueso.

Los dioses ya saben como termina el relato y por ello restan impasibles, expectantes ante alguna variación insospechada que pueda variar la estructura de la historia. Saben el final porque han visto a través del más allá. Saben el final porque empiezan a recordar que son ellos quienes escriben las historia a pesar de algunos pequeños contratiempos. Quedarse con la esencia de la existencia, leer la historia a rasgos generales hace despreciar un montón de detalles nimios. El ataque zombi que sufre el Área 51 es una pequeña infección en la historia que se va a curar en poco tiempo.

Los muertos consiguen entrar en el edifico y arrasan con toda forma viviente, muerden a las decenas de investigadores en bata blanca que se sienten desprotegidos, asustados, terriblemente sorprendidos. Un soldado convertido en muerto en vida muerde el cuerpo pútrido de un hombrecillo verdoso. Le arranca una buena parte del antebrazo. En un par de minutos la momia ultraterrestre cobra vida y empieza a deambular por los pasillos en busca de vidas a las que insuflar su particular medicina. Extraterrestres zombis empiezan a poblar las salas repletas de antiguos vehículos interestelares desvencijados. La vida ajena a la Tierra ha sido burlada a través del humano, siendo este a su vez engañado por un truco reptiliano.

El ente de dientes afilados grita de rabia porque se ha descubierto a sí mismo, ha sido burlado por la trampa que ha preparado él mismo. Su idea no era la de atacar a otras formas de vida exceptuando a las terrestres, sino todo lo contrario. De las puertas del edificio salen humanos con el pecho sangriento acompañados de extraterrestres con los ojos acuosos que deambulan de un modo pintoresco. La vida de los muertos vivientes es ahora un curioso circo de seres universales que no tiene adonde ir. La porción de Tierra que cubre los alrededores del Área 51 es algo infame y ridículo, un circo sin espectadores, un vertedero de vida inútil.

Los dioses deciden borrar el episodio poseyendo el cuerpo y la mente de quien escribe este relato y …

La parte que nos toca contar relata los acontecimientos que nutren el imaginario ovni. Miles de personas se reúnen en torno al Área 51 para ser espectadores y a la vez partícipes de la masacre que el Gobierno se supone que tiene preparada para ellos. A los adoradores de lo macabro, de la entidad espacial que dibuja el cosmos, les encantaría pulsar el botón que reanime a la bestia omnipotente, pero la imagen de tanta carne y tanta víctima inocente en torno a sus mandatarios, les apena a la vez que los devuelve a un estado de total contemplación.

Prefieren ver como el humano rinde culto a la vida espacial y viste merchandising sobre la vida extraterrestre y se coloca sombreros de papel de aluminio en la cabeza. La bestia oscura que divisa el espectáculo desde lo alto de los cielos observa el botón del tablero y decide no hacer nada, no sabe porqué, pero algo le dice que no hay nada divertido que hacer, el ser humano ya es de por sí divertido con sus guerras y su codicia. Se coloca ante el tablero de mandos y vira su rumbo hacia otro sistema solar. Su estela dibuja una hermosa curva que dura menos de dos segundos.

Los diosos ultraterrestres se sienten humillados ante el hecho de actuar ante la irresponsabilidad de los seres que tiene por debajo. Nunca más van a actuar ante los ojos de nadie, ni tan solo a tratar de cambiar el rumbo de la historia. Aún así algo parecido al alivio parece anidarse en sus corazones cuando la narración parece retomar un rumbo mucho menos violento y algo más surrealista. Tan solo hace falta ver a un tipo con un sombrero de aluminio coronando su cabeza.

Mi círculo de amigos dice que estoy loco

alien

Mi círculo de amigos dice que estoy loco. Que no es normal que hable de avistamientos si no he visto ninguno ni que me obsesione tanto por el tema. Ayer estuve en casa de uno de ellos y estuve hablando durante un buen rato sobre mis teorías ultraterrestres; que si no es posible que la raza humana sea la única que habita el Universo, que si es probable que nos estén viendo usando tecnología que los oculta, que si John Keel es mi nuevo admirado autor, … No es posible que mi vida esté girando en torno al fenómeno extraterrestre y que le esté prestando tan poca atención a mi entorno, es decir al ser humano en sí. Desde que leí hace unos meses “La conspiración contra la raza humana” de Thomas Ligotti y leo más los periódicos, he dejado de creer en el ser humano por un buen montón de motivos. El hombre es autodestructivo por sí, si no se está peleando por egos o por motivos absurdos lo hace destruyéndose a sí mismo mediante el humo inhalado o la comida zombi. Es como si realmente no le importara para nada lo efímero de su existencia carnal, como si en realidad fuera consciente de que forma parte de ese 25% mundial de gente que tiene alma y con su particular proyecto autodestructivo acelere el tránsito que lo hará cambiar de “envoltorio”. Una vez les conté sobre el tema de las almas con la “teoría de la lata de cerveza” que forma parte del repertorio de teorías que razono a cada momento; si el cuerpo es capaz de transitar por el planeta que le sirve de soporte, el alma lo hace por el Universo a su modo de la misma manera que la cerveza se contiene dentro de una lata pero esta solo puede existir de un modo en el interior de su envase, mientras que el líquido que la forma, puede alterarse de varios modos en otros recipientes o sin este.

Cada vez que expongo mis pensamientos mis camaradas de juventud dicen que estoy para que me encierren, ellos, desde sus pedestales humanos donde siempre saber que tecla tocar cada vez que hablo la boca y así, poder posicionarse manteniendo el control sobre todas las cosas mediante el entendimiento humano y las etiquetas. Si mi vida tiene que coexistir con un manual de uso, prefiero quemar el libro y vivir a mi modo, pensar de la manera que elijo, sin miedo a ser juzgado por otros. Hace un par de minutos y durante un par de horas, he permanecido en una retrospectiva de mi mente que me ha hecho viajar en el tiempo, precisamente en el lugar y la hora en la que ayer estuve hablando sobre la vida ultraterrestre ante mis amigos. Todo ello ocurrió mientras una luz roja, potente, bajaba hacia el mar.

-Mira, una bengala -dijo el anfitrión del grupo al que había sido invitado.

Manteniendo el silencio mientras veía como la luz roja descendía, pensé que ojalá se materializara cualquier cosa que dejase a aquel grupo de gente en un estado de vida latente, un estupor generalizado que los mantuviera con el ritmo cardíaco lento y la mirada expectante por “algo” que se saliera de sus esquemas. ¿Es el humano un ser cuadriculado? ¿Estamos atrapados por nuestro sistema de pensamiento? ¿Mi forma de ver las cosas quiere ser distinta o realmente lo es? Me levanté de la silla cuando la luz roja desapareció y fui al baño a mojarme la cara.

Dentro del baño el pulso se me aceleró, talmente como si hubiera fumado hachís, y los pensamientos se aceleraron. Mientras oía las risas de los asistentes a la terraza donde nos habíamos reunido, miré mi rostro en el espejo y lo que allí vi no era mi imagen, sino la de alguien que no era yo. Aún así no me asusté, puesto que una sensación como si estuviera acostumbrado a ver aquello me invadió de súbito; mirando aquella cara de color gris y ojos almendrados, me sentía yo mismo pero sabía que la imagen reflejada no era mi rostro, aunque la reconocía como mía. Era como una especie de revelación, como si durante mucho tiempo hubiese sospechado de algo que se hacía totalmente relevante en aquel mismo instante. Me toqué la cara, una extremidad gris con tres dedos largos trabajaba al unísono que lo hacía mi mano. Me froté la cara, parpadeé, saqué la lengua. Era púrpura y viscosa. Me giré y me sequé la cara con una toalla colgada de un gancho. Cuando volví a girarme hacia el espejo mi rostro volvía a ser el habitual. Seguía teniendo aquella taquicardia, pero la inmunicé buscando la sensación entrenada en la relajación. Estaba nervioso como si aquella sensación de ser alguien que no era yo me fuera familiar. En realidad lo entendía todo; era como si de pronto supiese quien era realmente mediante la aparición de aquella imagen que me sustituía en los movimientos que tracé frente al espejo. Como si fuera consciente del siguiente cuerpo que me sería dado el día en que el que poseía ahora se extinguiera, como si el entendimiento de que el alma es una cadena de cuerpos me fuera revelado.

Caminé hacia el asiento que había ocupado y permanecí atento a mis compañeros. Estaban hablando sobre fotografía. Llevaban camisetas negras. Casi todos tenían una cámara de revelado con carrete encima de la mesa. Quizá ese era su alter ego, su futuro envoltorio, o quizás un apoyo para poder verlo todo de otra forma. Vi como todos hablaban entre ellos casi con susurros. Lo hacían con un volumen muy bajo y algunos me miraban de reojo, como si también vieran la extraña apariencia que me envolvía frente al espejo. Un par de luces rojas descendían del cielo, ya no era una, sino dos; una pareja altamente sospechosa. Una música de sintetizadores envolvía la escena. Susurros otorgando una letra a la extraña canción que se sintonizaba en el ambiente. Me dolía el pecho de un modo extraño, como si no surgiera de mi tórax, como si el dolor que experimentaba fuera desconocido pero a la vez familiar. Bebí un trago de cerveza y me senté en la silla de plástico. Todo parecía en orden, pero con un tremendo desorden sensorial captado por mi sistema. Era el ying yang dándose de tortazos consigo mismo. Era algo caótico dentro de un orden ilusorio.

-¡Extraterrestre! -me gritaron.

Luego dos de los fotógrafos se sentaron a mi lado y me obligaron a que les enseñara un tatuaje que me hicieron hace dos años por treinta euros. Una mano mal dibujada sosteniendo un crucifijo invertido. Una mano de vampiros. La cruz de San Pedro tatuada en la piel. Se rieron del dibujo o de mí. Aún no lo tengo claro. Me tomaron fotos. Hicieron sombras chinas con una luz que salía de una ventana con rejas. Volvieron a reírse cuando traté de combatir las sombras que ellos proyectaban con un pico de pato que imité con mi mano derecha. A día de hoy aún no tengo nada claro lo que ocurrió, pero salí corriendo de la terraza y bajé las escaleras que descendían a la portería a trompicones, saltando de tres en tres. Cuando quité el candado que protegía mi bicicleta me gritaron desde la parte superior del edificio.

– ¡Loco extraterrestre!

Desconcertado, pedaleé hasta mi casa, abrí el aire acondicionado y me desnudé. Me tomé un vaso de leche y traté de relajarme. En la cama, estuve leyendo “Comunión” de Whitley Strieber mientras notaba como mi cuerpo se secaba por dentro gracias a la exagerada ingesta de cerveza y los cigarrillos que fumé compulsivamente. Recordé aquella luz roja mientras las primeras páginas del libro me introdujeron a la casa del escritor, en el norte del estado de Nueva York. Escuché unos pasos en el piso de debajo de donde estaba mi habitación. Durante un segundo me convertí en un Strieber desnudo con un 18% por ciento de grasa corporal bajando las escaleras esgrimiendo un bate de aluminio. En el salón de mi casa solo descansaba mi bicicleta gracias a su caballete pero pude ver las mismas luces rojas que antes descendían en el skyline de Barcelona, ahora sosteniéndose por un hilo invisible en el jardín de mi casa. Se movían al ritmo de mis ojos. Pude comprobar que giraban rápidamente hacia la derecha cuando mis globos oculares lo hacían en la misma dirección. Pero otra vez me invadía aquella sensación de que lo que veía ante mis ojos era algo cotidiano, un acto normal como cualquier otro. Mi imagen reflejada en el cristal que me separaba del jardín era la del cuerpo de piel gris y viscosa que había visto una hora antes en el baño de mi presunto amigo. Estuve mirando el bate de aluminio como si fuera algo totalmente ajeno a mí. Quizá estuve una hora entera inspeccionando lentamente el metal como si fuera una piedra preciosa. La piel gris permanecía forrando mi musculatura. Aquellos ojos almendrados miraban las dos luces rojas que parecían los ojos del Mothman.

En completo silencio subí las escaleras con el hierro en la mano, lo dejé apoyado en el marco de la puerta y me tumbé de nuevo en la cama. Cerré los ojos y soñé que un grupo de seres de aspecto amorfo me cogían en volandas y me llevaban a una sala con aspecto de quirófano. Los seres que me miraban desde aquel ángulo me eran totalmente familiares. Me rodeó una sensación dulce, como si aquella inspección fuera algo entrañable. Me sentía totalmente confiado. No sentí asco, miedo o desconcierto como lo sintió Strieber durante su extraño sueño. No recuerdo nada más hasta que he despertado esta mañana.

Las luces rojas ya no están en el jardín. Mi reflejo en el espejo es el habitual. Pero cuando he llamado al amigo para disculparme por salir de allí tan de sopetón, me ha contestado el teléfono otra persona que decía no saber nada de mí. He vuelto a llamarlo asegurándome de pulsar bien las teclas del teléfono por si en la llamada anterior me había equivocado de teclas. Pero no ha sido así. He marcado con seguridad y me ha contestado la misma persona asegurándome de que no me conoce de nada. Me siento algo desconcertado, pero es como si la sensación que me invade sea algo familiar, casi entrañable. Me siento como si por fin hubiera encontrado un lugar a salvo de algo que aún no conozco.

Mi círculo de amigos dice que estoy loco. Que no es normal que no hable de avistamientos si he visto uno en primera persona. O al menos eso es lo que me gustaría oírles decir.

La teoría de la lata de cerveza

Leyendo algunos libros publicados en los años setenta sobre el fenómeno ovni puedes obtener distintas conclusiones si las comparas con algunos conocimientos teórico filosóficos del área religiosa. Se me hace difícil creer en lo que dice J.J. Benítez porque el escritor juega mucho con los mitos y la literatura. “Ovnis, S.O.S a la humanidad” me recordó a una variante de libro de autoayuda por la intención y tono que el autor ha querido otorgar al libro. En este se habla de un grupo de personas que forman una variante de culto platillista en Lima, se trata del IPRI (Instituto peruano de relaciones interplanetarias) en el que tratan de convencer al lector que un grupo de humanos será el elegido para viajar y establecerse en algún lugar del espacio cuando la destrucción del planeta llegue a su consumación. Por lo visto, el IPRI no es un club de amigos adictos a los avistamientos, sino que es una entidad reconocida por el Ministerio de Educación del Perú y que está asociado a la Federación Internacional de Astronáutica o la Intercontinental UFO Research and Analystic Network (ICUFON) de Nueva York, entre otros. Carlos Paz García, su presidente y fundador, dedica su existencia a hacer creer a sus miembros (mediante el contacto con entes extraterrestres a través de la escritura automática) que estos serán los elegidos por los entes del espacio para librarse del caos total y absoluto en el que se sumirá la tierra en los próximos años. Uno de los principales fallos de esta organización, de la cual no es mi intención debatir con ellos sobre la existencia de vida ultraterrestre, es el mensaje que nos hace caer en la repetición constante de un apocalipsis inminente. ¿No hace demasiados años que nos venden el fin del mundo tal y como lo conocemos? ¿No estamos repitiendo fórmulas a pesar de que múltiples profecías nunca hayan acertado sus predicciones? La respuesta es bien sencilla. Los apocalipsis, presentes en todas las religiones durante toda su existencia, nos han hecho creer en la idea de un destino para nuestras vidas, y este se manifiesta como un acabose para todos nosotros. Pero en realidad no estamos interpretando bien el mensaje: un apocalipsis puede significar un renacimiento, una redención y un arrepentimiento. Así es como lo dictan filosofías como la que existe en el budismo o en el propio cristianismo. Pero entonces, ¿el creciente peligro al que se está exponiendo el hombre debido a sus descuidos, es una prueba para que este trate de mejorar? En mi opinión, el hombre debe mejorar de “dentro hacia fuera”, es decir, ser consciente del lugar que ocupa en el universo para así, saber cuál es su misión en la vida. Quizá no exista esa “misión” que tratan de vendernos algunos mediante la prostitución de ideas plasmadas en libros y documentales. Quizá nuestra existencia sea solo eso, un determinado tiempo que se nos ofrece dentro de un envoltorio de piel, carne y huesos. O quizá no. J.J. Benítez, recurre al fin de los tiempos para promulgar su obra, y así, vender su mensaje. Dentro de sus palabras solo se esconde una intención de vender ideas encuadernadas sin darnos tiempo a pensar en el porqué de nuestros actos, pero un servidor cree en una variante de renacimiento humano cuando este acepte su lugar en el universo.

Por otro lado, me es imposible dejar de pensar en los mitos y las creencias como algo que sirve de tapadera para una intención, verdadera y oculta, que quizá nos sea difícil de llegar a averiguar. Si crees en los fenómenos poltergeist, se te aparecerá un fantasma. Si crees en el diablo, quizá pienses que tu dejadez o tus malas intenciones sean por culpa de un diablo que vive dentro de ti. Pero nada más alejado de la realidad. Lo que sea que nos esté tomando el pelo es un “todo” oculto a nuestros ojos que nos hace creer en lo que queremos ver. Si crees, verás, si no quieres creer, seguirás ciego. Puede que incluso esa única entidad sea algo que tengamos “instalado” en nuestro código genético, algo que existe en verdad en nuestro cerebro, una función más del órgano. Bien podría ser que algunos, más sensibles que otros, podamos ver entes atravesando puertas o platillos volantes aterrizando en nuestros jardines, pero quizá seamos más receptivos o sensibles ante una función más de nuestro cerebro que aún no sabemos cómo funciona. La negación acostumbra a recurrir a la búsqueda del fenómeno científico y quizá sea esta la explicación a los cada vez más numerosos casos que se relacionan con lo oculto, solo que aún no sabemos cómo explicarlo. Mi teoría alega que esa faceta escondida es muy probable que sea un atisbo de lo que nuestra mente es capaz de moldear ante nuestros ojos. Es posible que seamos capaces de crear aliens con la mente y los podamos proyectar ante nosotros. Pero antes debemos ser conscientes de que lo que “se nos aparece”, es real y tiene una explicación. Es decir, esa supuesta proyección, en realidad está existiendo.

Creo en la vida ultraterrestre, sería absurdo admitir que el ser humano es el único ser que vive en el universo. Si ese fuera el caso, ¿no somos demasiado imperfectos como para ser los únicos? Pero a pesar de mis creencias, también creo que somos nosotros mismos los culpables de los fenómenos extraños que se nos plantean mediante los citados fenómenos. El miedo ayuda, o quizá no sea miedo, sino un mecanismo que hace activar lo que nosotros llamamos imaginación, siendo esta la única entidad de la que hablaba anteriormente, que solo trata de manifestarse mediante la exaltación del mecanismo del imaginario mediante la proyección de “fenómenos”. Lo que quiero decir es que aún no sabemos cómo gestionar la aparición de los reptilianos, las curiosas apariciones del Mothman o las abducciones extraterrestres que nosotros mismos evocamos; tan solo podemos contar historias sobre algo que trata de asomar un atisbo de lo que realmente podemos llegar a hacer. ¿Estamos solos? No, por supuesto que no. Ese mecanismo que nos hace creer en lo desconocido es lo único que tenemos para atestiguar hay más vida en el universo. A mi parecer, es posible que algún día los compañeros del espacio se presenten ante nosotros, pero aún no estamos preparados para ello. Hasta que no aceptemos que debemos vivir con harmonía entre nosotros, no podremos ascender al siguiente escalón evolutivo. Este es lo motivo por el que un suceso de tal magnitud supondría el caos dentro de nuestro modo de pensar. El hombre aún vive su propia adolescencia, todo ello se ve reflejado con las constantes guerras y la irresponsabilidad de poner en aprietos al suelo que nos sostiene. Quizá llegue el día en el que el humano sea capaz de darse cuenta del lugar en el que está y de la suerte que tiene al reconocerlo.

Nuestro cuerpo es limitado, significa un envase que tiene fecha de caducidad y que un día dejará de existir, de ser. Pero la esencia atrapada en nuestros cuerpos es lo que puede llegar a mover el universo. Aún no tenemos la capacidad para dirigir a buen puerto esa parte inexplorada del cerebro, de ahí que creemos el significado de la palabra oculto, misterio o ignoto. Un ejemplo sería el de la lata de cerveza. El contenido de una lata solo puede ser ingerido, mientras que ese líquido, en distintas circunstancias puede mutar en algo más (congelación, evaporación, etc.) siendo otro el envase que lo contenga y los distintos factores que actúen en él. Con nuestro cuerpo pasa lo mismo, esa chispa de vida que nos sostiene, bien podría llegar a alcanzar metas distintas a las que podemos alcanzar, solo que no poseemos los medios físicos para manifestarlas. Bien podría ser que algún día se nos revele el modo de poder existir de un modo totalmente diferente gracias a la ayuda exterior, pero eso, por el momento, solo es una quimera y a la vez, un pensamiento alentador.

¿Necesita el hombre saber que un día va a desaparecer? Por lo visto los factores de extinción y supervivencia nos parecen atractivos, de ahí que el género apocalíptico siempre esté en boga. El hombre necesita saber que un día va a terminar todo y quizá él tenga la oportunidad de sobrevivir, siendo este acto, una prueba más de lo que dictan las filosofías budistas; la activación de la idea del renacimiento (aunque en el caso del budismo, no hace falta destruir para volver a nacer, simplemente es necesaria la mutación o transformación). En nuestro modus pensante, el afán de superación siempre viene acompañado del concepto de la destrucción, pero, ¿es posible evolucionar sin necesidad de aniquilar? La respuesta está dentro de cada uno y la podemos encontrar en el factor de decisión que poseemos. Quizá algún día vengan los “hombrecitos verdes” a ayudar a decidirnos.

Avistamiento en Lleida

“Se le llama panfletismo al hecho de contraer los elementos necesarios dentro del imaginario OVNI para luego, expandir conocimientos random inflando la hiperrealidad con teoría y poca práctica. Una de las leyendas acerca del hombre gigante de pies grandes (BIGFOOT) cuyas siglas podemos convertir en corporación debido a la naturaleza del hombre por desnaturalizar conceptos y luego monetizarlos, surca a toda velocidad el ideario del hombre corriente. Soldados indios descubren pisadas en la nieve. Venezolanos son pisados por tanquetas mientras ven una luz en los cielos. El espacio que ocupas puede volver a ser ocupado por otro igual que tú. Nos venden la idea de que el individuo piensa distinto a los demás mediante la artimaña principal de los mercados. Compra unos pantalones chinos de duración limitada. Eres finito. Reptilianos featuring sectas creyentes de lo inaudito”.

Después del encontronazo con un ovni en las afueras de Lleida no puede dejar de repetir incoherencias. Si en los cascos hubiera brotado otro tipo de música no estaría tan obsesionado. Wellcome to the party. Take on me. 9 to 5. Estaba sonando labanda sonora de Deadpool 2. Si su cuerpo estuviera formado de otro tipo de materia, si su naturaleza fuera distinta, podría rebatir que las criaturas existen en el mundo como flujo y corriente, como llegar-a-ser y estar-de-paso. Podría coger de la pechera a Aristóteles y soltarle un par de guantazos. Pero eso sería pensar como un humano. Inteligente, pero humano. Aun así siempre se ha considerado distinto y excepcionalmente listo. Hay quien dice que todo lo que chorrea por su boca forma parte de la enfermedad mental, pero él no hace más que pensar en la carta del mago, la que siempre le sale cada vez que se tira las cartas a sí mismo.

Piensa en teorías sustractivas: las criaturas son pensadas para ser, por tanto, existe un no-ser anterior que tanto antecede a la criatura como le sirve de fundamento filosófico. Y llora porque no sabe qué hacer con el flujo de ideas que, convertido en una lluvia de asteroides, le deja el cerebro hecho papilla debido al creciente forcejeo al que está forzado el sistema nervioso. Hay días en los que se siente mejor. Otros, empieza a correr por el bosque para luego sentarse bajo un árbol y llorar y chorrear de nuevo incoherencias. Siempre se ha creído alguien excepcional, pero en realidad sufre. Maldito el día en el que vio ese platillo hermoso y brillante surcar los cielos como si fuera el mismísimo Dios que baja a la Tierra para prometer argumentos literarios.

Hay días en los que sueña con acostarse con una reptiliana y surcar con sus dedos las escamas y frotar la piel humana con la belleza reptil, pero ellos no eran lagartos sino unos tipos muy agradables que decían que venían de Ganímedes. Viajemos por unos momentos al pasado. Imaginemos a un tipo con auriculares, escuchando la banda sonora de Deadpool 2, concretamente el final del tema If I could turn back time de Cher, mientras un platillo volante desciendo del cielo y se planta ante él. El chico que muchos dicen que es raro y está un poco loco. El chaval que nadie se toma en serio. Precisamente tiene que ocurrirle a él. En definitiva, los tipos agradables de ojos rasgados salen de la nave y todo son risas y aire fresco y la naturaleza subiendo el nivel del contraste. Hablan con él mientras la cámara hace un zoom invertido y sitúa la escena varios metros por detrás del lector para que este dibuje la situación algo borrosa, algo confusa, y así no podamos saber –por el momento- qué demonios le han dicho los tipos agradables. Vuelven a subir al platillo y el zoom es rápido, tanto que la cámara se planta en la escena como si alguien quisiera adentrarse en la oscuridad sin pensarlo antes. La nave queda fuera de plano en un santiamén.

Y cuando empieza el tema All out of love una lagrima asoma por el ojo izquierdo del chico raro y este empieza andar, confuso y algo triste, hacia su casa.

“Trazar un puente con el cuerpo, justo como haría una bailarina rusa. Recitar teorías de Eckart como si fuera un slammer: cuando nada veía, entonces veía a Dios. La luz, que es Dios, fluye hacia afuera y oscurece cualquier otra luz (…) la nada fue Dios. El hecho de ver una aparición espectral está totalmente relacionado con ser un contactado ovni. Según Keel está todo ligado. Lo dice en Las profecías de Mothman. Lo dice en Operación Caballo de Troya. Lo dice alguien cuyas palabras han sido impresas en un libro. Y sí, aquellos que disfrutan de la exaltación de la iluminación, serán tachados de locos, pero, ¿acaso no son los locos los nuevos profetas? Él creó a todas las cosas para que fuesen. Dios es un reptiliano”.

Tenía que ocurrirle a él. No tiene suficiente con su enfermedad mental que ahora se cree mago de mentalidad exaltada. Se lo dice constantemente su psiquiatra. Hay días en los que no sabe diferenciar entre un psicólogo y un psiquiatra. Qué más da. Hay días en los piensa que le ayuda hablar con ellos. Pero ahora tiene que lidiar con una bestia de metal que bajó de los cielos y le maldijo para siempre. Puesto que él no es Ligotti, ni Lovecraft, y ya no le importa si no le publican (sí, a veces escribe novelas y juega a los escritores). Algo le dijeron aquellos tipos, pero la cámara se alejó demasiado con lo que quiso parecer un plano fallido de una película experimental y nadie se enteró de nada.

Así que remontémonos de nuevo en el pasado y veamos en una variante de travelling espacio-temporal como transcurrieron las dos primeras semanas en las que abandonó para siempre el hachís. Durante 334 horas creyó haber tocado fondo en lo correspondiente a su salud mental. Pero siempre que se tira las cartas le aparece el mago, así qué, ¿se ha convertido en la versión leridana del Doctor Extraño? ¿Realmente tuvo algo que ver tener la mente despejada con la aparición de un ovni? ¿Es la locura su nuevo mindfulness? Sin locura no hay felicidad. Si la felicidad exaltada que siente por las mañanas no podría lidiar con la depresión del ocaso del día. Pero todo ello se acrecentará cuando en un futuro cercano se le aparezcan los hombres simpáticos del espacio y dejen de ocupar un espacio concreto en el espacio. Eckart no tiene nada que decir. O sí.

La aparición de una nave en el plano de su visión ya ha sido contada, así que veamos los sucesos que acontecen a partir de ahora. Sabe de su locura, del tormento que lo atenaza por las neuronas que le quedan vivas después de la orgía de THC. Se queda con la carta del mago y con los travellings espacio-temporales del relato. Es consciente de sus desvaríos mentales bajo los árboles de las afueras de Lleida mientras se enamora del tema All out of love porque es la banda sonora del momento en el que la nave desapareció del bosque. Sabe lo que le dijeron los hombres simpáticos pero no es capaz de expresarlo con palabras. Es una sensación más que un mensaje lo que le comunicaron. Los seres vivos podemos comunicarnos sin necesidad de palabras ni de miradas, pero no todo el mundo es capaz de entenderlo. Las sensaciones ocupan un lugar en la nada. Pero, si somos capaces de definir la nada, es que la estamos cristalizando. ¿Cómo podemos definir la negrura del cosmos? ¿Cómo podemos explicar el lugar que ocupa la nada dentro de lo oscuro? Este tipo de preguntas se repiten en el garaje de su mente. Él sabe que aquellos señores simpáticos acrecentaron su locura. Lo hicieron más ancho de miras. Menos cuadriculado. Más humano y la vez, menos.

La comprensión se convierte en locura cuando no existen palabras que puedan construir definiciones. ¿Cómo podemos contener la información dentro de la etiqueta creada? No hay opción posible para aquello que no podemos definir. Y es precisamente eso lo que le comunicaron aquellos hombres de sonrisa perpetua. Le dijeron que hay cosas que son incapaces de digerir en las mentes de los humanos, y es por eso que lo dejaron allí plantado, partícipe de una idea exente de contenido explícito, incapaz de definirse con palabras y conceptos terráqueos. Crearon una implosión en su cabeza: violencia silenciosa imposible de detener. Unos la llaman locura y otros apertura de mente. Pero incluso las personas más crédulas son incapaces de entender la idea. Es como si quisiéramos averiguar el peso de la música. El metal pesado (Doom metal), por poner un ejemplo, en realidad tiene que ver con vibraciones y ondas sonoras. El relato presente y sus variaciones dentro del tiempo emiten sensaciones y esa es la única unidad de mesura dentro de la literatura. Ya no estamos hablando de métrica ni de semántica, sino de sensaciones encontradas dentro de la psique. Podemos explicar con palabras nuestra reacción ante un texto, pero no podemos medir las sensaciones que nos ha aportado.

Él está realmente enfadado. No sabe cómo expresar lo que le contaron aquellos señores y ahora su locura se hace más grande por momentos puesto que no encuentra como expresar lo que ocurrió. Es como un gran fundido en negro mientras el diálogo permanece en la acústica del espectador.

Con el paso del tiempo busca rellenar el espacio incomprensible que aquellos señores del espacio le dejaron en su cabeza. Trata de buscar algo que quizá, nunca se solidifique. Así que se enfrasca en sus paseos por las afueras de Lleida y sigue recitando a Eckhart hasta que coinciden tanto el tema que escuchaba aquel día (All out of love) con el lugar del encuentro ovni. Y los cielos se abren y la misma nave vuelve a descender y él se arrodilla y grita algo incomprensible mientras los mismos señores salen de la nave y vuelven a acercársele. Vuelven a susurrarle algo en el oído y vuelven a desaparecer, simulando una vez más el mismo ritual que antaño hicieron. Y el chico regresa a su casa y tarda mucho en volver al bosque porque la idea de abandonar el periplo de charlas y recetas de su psiquiatra se cristaliza en su inconsciente. Y se siente mejor y ya no chorrea teorías de Eckhart.

Con la mente aún más despejada trata de seguir viviendo en Lleida y borra temporalmente de su mente el par de encuentros con los seres ultraterrestres. Busca la redención escribiendo una novela. El texto es sincero, demasiado, y le sirve de catarsis para volver a nacer dentro de su psique. Aun así, una frase de Eckhart sigue merodeando en los recovecos de su mente: la Divinidad no es espíritu, no es persona ni es imagen, sino una unidad pura y limpia y distinta de toda dualidad.

La «Peonza voladora» de Hitler

Adolf Hitler era reptiliano. Sus amigos vestidos con uniformes agresivos dibujaron -gracias al ingenio de Juan de la Cierva- algo muy aproximado a la “Peonza voladora” de Schriever. Unas turbinas de reacción muy parecidas a las del diseño original giraban, gritando el discurso inconexo del infarto cerebral del Tercer Reich. Existen diversos avistamientos durante los años cuarenta, uno de ellos fue el más significativo puesto que incluye datos fidedignos muy raramente descritos en otros avistamientos de la época. El nombre del testigo, no ha podido ser revelado.

“Estaba con mis camaradas de vuelo en el campo de vuelo en el campo y, más concretamente, cerca de los edificios de la escuela, a una distancia de unos 2.000 metros del arsenal. El aparato estaba en el hangar; un disco de 5 o 6 metros de diámetro, en el centro tenía un cuerpo relativamente grande, debajo del cuerpo; debajo del cuerpo, 4 patas altas y delgadas, color; aluminio, altura; casi la de un hombre, grosor; de 30 a 40 centímetros con un borde de varillaje exterior, tal vez eran orificios cuadrados. La parte superior del cuerpo –casi un tercio de altura total- se encogía sobre la mitad superior del disco, y era plana y redondeada. Vi con mis amigos como salía el aparato del hangar. Oímos entonces el estruendo de los motores. Vimos el lado externo del disco girar. El aparato se encaminó lentamente y en línea recta, hacia la parte sur del  campo. Entonces se elevó a casi un metro. Después de avanzar a esa altura casi unos 300 metros, se paró de nuevo. El aterrizaje fue bastante accidentado”.

El misterioso testimonio no se atrevió a contar la versión fidedigna, a pesar de la exactitud con la que relata el intento del platillo de surcar los cielos para extraer información del enemigo. Tras muchos meses de investigación, quien escribe estas líneas afirma haber oído por boca del mismo testimonio, como por una de las ventanillas del disco volador asomó el rostro de Adolf Hitler en persona. Todo esto ocurrió en el Aeródromo de Praga en diciembre de 1943.

“Mientras algunos guardianes empujaban el aparato hacia el hangar, nosotros tuvimos que abandonar el lugar, no sin antes, observar un rostro cuya mirada alterada por el odio, nos observaba atentamente desde el interior de la nave con la misma expresión de un asesino cuyo crimen ha sido descubierto. Pude observar, mientras me invitaban a alejarme de la zona, como algunos guardias empujaban el aparato hacia el hangar. La ‘cosa’ voló de nuevo, logrando esta vez alcanzar el final del aeródromo. Fue una pena no poder verlo en persona. Me hubiera gustado poder vislumbrar aquella maravilla alzándose por los aires en lugar de que uno de los guardias –tras un costoso soborno a base de tabaco- me lo contara exhalando humo blanco del interior de sus pulmones”.

Aun así, el testimonio no aclara la primera parte de esta experiencia; nadie sabe por qué Hitler fue reptiliano, pero sí que, a través de la historia, sabemos que el líder alemán tenía intereses comunes con dicha raza. Atraído por la figura de Cécrope, el mítico primer rey de Atensa, mitad hombre y mitad serpiente, el dictador trazó un disparatado plan para contactar con alguna raza oculta en algún planeta de nuestro sistema solar y así, lograr con éxito la supuesta conquista de Europa y más tarde, del mundo entero.

¿Qué hubiera ocurrido si Adolf Hitler hubiera sido un ultraterrestre? ¿Fueron estos seres del espacio como los espíritus demoníacos que tratan de arrebatar el alma humana, poseedores de cuerpos como el de Hitler?

Tras un intenso trabajo que me costó más de cuatro años y que supuso la pérdida de mi familia, trabajo y varios de mis amigos, localicé, en la región alemana de Baviera, a un anciano que afirmó haber sido uno de los guardianes personales del dictador en el interior de aquella misteriosa nave. Tuve que pagarle una cuantiosa cantidad de dinero para que me contara la historia, llevándose su identidad secreta a la tumba. Cinco años más tarde de su muerte, me atrevo a contar un episodio que vivió en el interior de la nave en aquellos días de la Segunda Guerra Mundial.

“Tras dos costosos días en lo que tratamos de mantener la altura de la copia de la famosa Peonza voladora de Schrieve, conseguimos establecer una ruta hacia la constelación de Rigil Kent (Alfa Centauri). La parte más difícil de atravesar fue cuando salimos de la Termosfera para adentrarnos en la Exosfera. El material de la ‘Peonza’ temblaba de tal forma, que pensábamos que la nave explotaría, pero al adentrarnos a unos 350 kilómetros del Espacio exterior, supimos con certeza que la llegada a la negrura espacial estaba muy cerca. Nuestro dictador parecía nervioso pero a la vez se le notaba muy emocionado. Una extraña sonrisa se dibujaba en su rostro cuando el metal temblaba de tal forma que uno de mis compañeros me oía rezar a pesar de lo insoportable del ruido que emanaba la nave. Sus dientes parecían pequeñas dagas a punto de clavarse en la piel, y sus ojos, en contadas ocasiones, parecían los de un felino”.

Cuando hablé con el antiguo guardián del Führer, notaba como el sudor salía de su piel y su boca parecía víctima de un ligero temblor al contarme de primera mano, uno de los encontronazos con el reptiliano oculto bajo la forma del asesino de masas. Al escuchar su testimonio, noté como también se me erizaba el vello de la espalda.

“Al entrar en la negrura del espacio, la voz de Hilter se hizo audible en todos los rincones del ovni, ‘¡Por fin!’ gritaba, ‘¡Ya hemos llegado!’. El sonido de sus cuerdas vocales recordaba un poco a un sonido metálico, algo surgido de un cuerpo que no era humano. Enseguida me puse nervioso al observar por uno de los ventanales como el espacio se abría ante nosotros, negro como un agujero espacial capaz de enviarnos a un viaje sin retorno. Pero el Führer se sentía muy seguro de sí mismo, factor que tranquilizó a los pilotos y a algunos de los tripulantes, no siendo este mi caso, puesto que, al pasar por mi lado y entrar en su camarote, pude adivinar un iris alargado, justo como el de los lagartos o los felinos. La dilatación del ojo se hizo más visible cuando pasó justo a mi lado y me indicó que lo acompañara al interior del aposento”.

“Cientos de extraños caracteres se dibujaban en varios planos desparramados por una mesa de trabajo metálica, situada en el centro de la estancia. El dictador me indicó que esperara justo en la entrada del camarote mientras rebuscaba entre la pila de papeles esparcidos. Su sonrisa dejo adivinar un buen número de dientes afilados cuando se me acercó y me dio un sobre grande, cerrado, indicándome que lo entregara a uno de los pilotos. No pude evitar mirarlo a los ojos al expresar mi conformidad al cumplimiento de la orden emitida, revelando mi nerviosismo al juntar los talones y exclamar “¡Hail Hitler!”.

Caminé hasta la cabina del piloto y, observando la maravilla espacial que configuraba el misterio del Universo, entregué el sobre al piloto, el cual apenas reparó en mi persona. Pero algún tipo de turbulencia hizo mover violentamente la nave y caí de repente por las escalerillas que conducían a un nivel inferior de la nave, golpeándome fuertemente la cabeza y perdiendo el sentido durante varios días”.

El relato del entrevistado se cortaba aquí para quedar este en blanco, no pudiendo mediante su memoria, rememorar aquello que su mente había guardado durante aquel periodo en el que estuvo exento de consciencia. Mediante los conocimientos del doctor Crammer, amigo de la infancia y gran investigador del poder de la sugestión, pudimos averiguar, mediante la escritura automática, el sueño que siguió al terrible golpe que nuestro testigo sufrió en el lateral derecho de la cabeza. Me costó un poco convencerlo de que viajara a Baviera, pero finalmente aceptó. Varios días más tarde, y encontrándonos en casa del guardián nazi, el doctor, después de un concienzudo análisis del relato afirmó que nuestro “amigo”, bajo una terrible presión debido a lo inusual de las circunstancias que lo rodeaban aquellos días, podría extraer información vinculante al proceso del supuesto contacto del Führer con los seres que buscaba en el espacio. He aquí una transcripción meticulosa de las palabras que salieron del testigo bajo una variante de hipnosis, proceso que denominó “magnetismo animal”, consistente en la imposición de manos sobre el cuerpo hipnotizado, produciendo un efecto parecido a un imán de inconsciencia y ayudando este a extraer un mensaje en algunos casos inconexo, pero en ocasiones, altamente revelador.

He aquí el mensaje que anoté rápidamente en la penumbra de la sala:

“Dictador en potencia, cuerpo reptil, mirada afilada. Temblor esotérico, cuerpo macilento, sueño incómodo. Partiendo la teoría de cuerdas regresa el sueño en forma de pesadilla oscura y nefasta. Hedor de aliento de cocodrilo. Garganta con un corte horizontal de 5 cm de largo. El sueño es demasiado real. Planeta invisible que recibe a la peonza. Sonrisa de dientes afilados. CONTACTO. Adolf Hitler enternecido por el recibimiento. Dictador en potencia aliviado al encontrar amigos en el ojo oscuro del Universo. Pesadilla reptiliana. Encuentro satisfactorio. Perder el sentido es un poema lovecratfiano. Libro encuadernado en piel humana. La dominación mundial esotérica forma un todo con el TODO que observa la trampa de los reptilianos. Mezcla de conceptos en la hormigonera de la mente. Cientos de neuronas explotan ante la atónita mirada del subconsciente. El espacio no es una BROMA. Ellos han hablado con el interesado. Ph’nglui mglw’nafh whag’nagl fhtagn. El lenguaje es universal. El plan se ha revelado. Dictador en potencia participa del espectáculo. Orgía y comida y planes oscuros. Torbellino de ideas y risas. Viaje a la Tierra para ejecutar el plan DEFINITIVO. Conversión. Conversión. CONVERSIÓN”.

Tras aquellas palabras, el doctor y un servidor, elaborando una rápida despedida, salimos de la casa totalmente consternados. Algo nos alteró sobremanera. Durante la hipnosis, minutos antes, un destello animal se reflejó durante un par de segundos en los ojos del hipnotizado. Durante un momento, pudimos ver como el iris del testigo, ¡se había alargado igual que el de un cocodrilo al nombrar aquel extraño lenguaje reptiliano! ¿Qué demonios era aquel ser con aspecto de hombre al que habíamos entrevistado? ¿Se encuentran los reptilianos entre nosotros? Bajo la tensión que me produce contar este relato, necesito alejarme de la investigación de lo oculto hasta el fin de mis días. ¡Aún se me eriza el vello de la espalda al recordar aquella experiencia!

Tu es une belle machine (La historia de Claude Vorinhol).

Hay quien dice que los platillos volantes son fruto de mentes crédulas, de agentes poco escépticos en relación a la existencia de vida ultraterrestre. El gran “qué” que nos invita a indagar sobre el tema se muestra oculto puesto que no desea revelarse ante la humanidad. Este ser mira con recelo la actividad del hombre y lo sitúa en el banco de los acusados. La raza humana se deja arrastrar por los poderes fácticos. Por tanto, la raza humana parece estar “de acuerdo” con aquellos que mueven sus hilos. Una raza-Pinocho se nutre de cualquier elemento que lo aleje de la realidad, puesto que esta ha sido vendida como algo etéreo, eterno y sustancialmente aburrido.

Mucho antes de la era de las pantallas, hubo un número elevado de avistamientos ovni en el planeta azul. Fueron cientos, miles, los casos que fueron ocultados por los grandes mandatarios para que el fenómeno no se extendiera. Aun así, el ser que mueve los hilos, los reales, está manipulando a su antojo a aquellos que manipulan al pueblo raso. Nos hace creer en las naves en forma de puro, en los hombrecillos con los ojos rasgados, o en las mutilaciones de ganado -realizadas con maestría y precisión de cirujano-, en varias zonas de Francia y Estados Unidos.

Entre aquellos emisarios que tratan de engañar a toda costa a aquel que se atreve a abrir la mente, existe un número significativo de sectas ocultistas que rozan lo esperpéntico en sus modos. Claude Vorilhon fue uno de ellos. Lo curioso de su relato contiene trazos de fantasía erótica:

“Me puse el cinturón y me condujeron frente al aparato utilizado para hacer robots. Cuando estaba sentado, apareció una morena espectacular en un luminoso cubo tridimensional. Mi robot me preguntó si la chica me gustaba, y si deseaba que su cuerpo y su cara adoptaran otra forma. Yo le dije que me parecía perfecta tal como era”.

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Enfrascado en la máquina de diseño antipática duele ver como el algoritmo no acierta la expresión, la dudosa grandilocuencia con que te mira el rostro femenino que grabas en la retentiva mental. Buscas aquel factor que te produzca excitación. Buscas el regodeo de la carne y la sangre palpitada por el motor rojizo. Très Jolie. Tu es une belle machine. La estadística ultraterrestre conectada a tu cerebro mediante cables transparentes y sonidos inauditos traza una búsqueda total del factor que más te satisfaga. Necesitas pasar una noche con dos o tres máquinas que hagan una entrada triunfante desde el luminoso cubo tridimensional hacia el punto que más te excita. Claude, buscamos la opción que más te satisfaga. Pero no encuentran nada porque tienes la mente sucia, ávida de poder y control hacia aquellos que te siguen. Se acerca a tu posición lo que parece una mujer atractiva con los ojos rasgados. No ha salido de la máquina. La deseas. Je veus te faire l’amour.

Posición triple X. Fluidos extraterrestres mezclándose con la miseria humana. Ruidos de ventosa. Succión. Penetración. Verdadero contacto alienígena. Piscina de burbujas. Os están mirando unos tipos de estatura extremadamente alta. Hacen lo mismo que harían los tipos con poder. Mirar y excitarse. Mirar y regodearse. Quizá este sea un pensamiento demasiado humano.

No recuerdas haber terminado cuando una ráfaga de ideas penetra tu mente, violando tus pensamientos recientes. Gobierno mundial. Nuevo sistema monetario. Todo ello te lo están chivando los “Elohim”, provistos de apariencia física pero con un comportamiento similar al de las proyecciones del subconsciente. La manera de hacer de estos seres nos sugiere que funcionan como algo tecnológico de la misma forma que lo hace un aparato de televisión o las redes sociales manipuladas, alterando la percepción de la mente.

De súbito, apareces en el sofá de tu casa.

No sabemos si la sucesión de sucesos que siguieron en la mente de Vorilhon tuvo lugar mediante el contacto de los “Elohim” o fue su mente, abierta y sugestionada para manipular al grupo de creyentes. En todo caso, el francés creó una secta de manipulados para tratar el tema y alimentar el engaño. Las alucinaciones, en caso de ser ciertas, no dejan de ser proyecciones mentales autoinduidas por algún factor recóndito, una variante de “virus informático” introducido en el disco duro de la mente. Pero hablar de la alucinación es serio, e implica que lo visto no es real. Pero no es importante el “qué” sino el “cómo”, ya que ahora mismo, solo interesan los efectos producidos por dicha alucinación. Sea o no sean los sucesos de carácter real, están causando estragos en las mentes de los crédulos.

Pero, ¿qué hay detrás de dichas alucinaciones? ¿De dónde provienen? En realidad cualquier tipo de misterio, por inexplicable que parezca, termina por concluir de dos modos distintos (manteniendo siempre el pensamiento humano):

  1. Las alucinaciones se mueven de afuera hacia adentro (proyección externa).
  2. Las alucinaciones se mueven de adentro hacia afuera (proyección mental).

Por tanto, fijémonos detenidamente en el papel que están jugando estos manipuladores de la verdad. ¿Son entes con vida que mandan robots con apariencia alienígena? ¿Entes psíquicos que provienen del más allá? ¿Pesadillas holográficas? ¿Inteligencia artificial espiritual? ¿Humanos jugando a no ser humanos?

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La cadena de imágenes se convierte en miles de líneas atravesando la parte interna de las corneas. Antipatía mental acelerada al máximo. La cadena es capaz de avanzar más rápido que la velocidad de la luz. Invitación a la locura. Lo insalubre dentro de tu mente retuerce pensamientos existentes; no hay meditación capaz de restaurar los valores iniciales. La gente cree mal. Los antiguos valores nos hacen pensar en un dios de barba blanca. La gente cree lo que quiere creer y lo hace mal. La ciencia y la educación no han sido capaces de dar respuesta a nuestras preguntas más primigenias. ¿De dónde venimos? Quizá nunca llegamos. ¿A dónde vamos? Podemos movernos hacia donde nos hacen creer que llegaremos. Somos recipientes obsoletos. V.I.A.J.A.R es un infierno en la Tierra en forma de corporación que nos hace creer en la existencia de algo distinto a unos miles de kilómetros de nuestros reniegos, resfriados, gritos, esputos, cepillados de dientes, compras compulsivas, agua malgastada en botellines de envase contaminante.

Los “Elohim” hacen que te aferres a lo más antiguo que tienes: la fe. A partir de ahí se aprovecha de los estornudos de tu inocencia para aplicarles otro de los métodos de engaño más factibles: la compra de un lugar paradisiaco después de la obsolescencia del recipiente. Tu alma es comercializable. Puedes morir asfixiado en un blíster. Puedes ascender al planeta de los “Elohim” mediante un pago necesario y justificado. Puedes engañar a la gente mediante el engaño que tiene lugar en la sala de proyecciones de tu cerebro.

Cuando abres los ojos, tres tipos se levantan de sus sillas y ves a dos mujeres cabeceando en la segunda fila. La conferencia ha terminado.

La fórmula más usada hasta el momento consiste en el descreimiento de lo más arraigado. De esta manera, debemos dejar de creer en lo establecido para abrirnos a distintas opciones. Rehusar las antiguas creencias y sustituirlas por otras nuevas. Hitler lo hizo como solución final al descontento de la sociedad de aquella época. Si no funciona lo que hay, busquemos algo nuevo. Aprovechándose de la fe de los crédulos, obtuvo su victoria en las elecciones. Claude Vorilhon también lo hizo. Hizo montones de charlas frente a la atónita mirada de cientos de inocentes, gente que quería cambiar su modo de ver las cosas, personas que necesitaban creer que había algo más después de las fronteras impuestas. Algunos fragmentos de sus teorías hicieron mella en las mentes de los desesperados:

“Debéis deshaceros de las elecciones y de las votaciones, que no encajan con la evolución actual de la humanidad. Los hombres son células útiles de un cuerpo más grande llamado Humanidad. Una célula de un pie no tiene por qué decidir si la mano debe, o no debe, coger un objeto. Es el cerebro el que lo decide, y si el objeto es bueno, la célula del pie se beneficiará de ello… Ha de crearse un nuevo sistema monetario y un gobierno mundial. La creación de un único idioma también ayudará a la unificación del planeta”.

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Chantaje espiritual. Trucos creados desde que el hombre comenzó a cazarse a sí mismo. Dictadura alienígena. Las proyecciones de dentro hacia fuera siguen su curso y con ello terminan por determinar (esculpir) un tipo de comportamiento. Haz que la masa repare su atención en lo que en realidad es una trampa. Actúa del mismo modo como la hacías cuando los “Elohim” te ofrecieron un harén de mujeres robot. Engáñalos. Quédate con ellos. Acuéstate con la fémina de ojos rasgados. Tu es une belle machine.

Jacques Bordas estaría de acuerdo

Una vez accedes la trastienda de lo oscuro, (que es el cajón que queda cerrado por tiempo indefinido pero que siempre está latente en una variante de animación suspendida), el puñetazo que otorga la realidad sufrida reactiva el dolor emocional consciente. La vida vivida. El retorno del error que en muchas ocasiones desemboca en puro horror. Jacques Bordas lo supo cuando aquel tipo procedente de Orión le regaló oro en las montañas del Pirineo. Estuvieron varios meses hablando sobre la vida exterior al planeta presente, a la realidad hiperaumentada que gira en torno al Sol. A Jacques, de niño, aquellos tipos le regalaron un caramelo mágico y así pudo regular el equilibrio de su peso y tener una vida caracterizada por el interés por la ciencia y el deporte en la montaña. Una variante de Hombre-X marcado por lo ultraterrestre; Lobezno sin garras. Factor curativo activado, reluciente esplendor en términos de medicina hiperdesarrollada. Fue la Guerra Civil española lo que le hizo conocer el horror del error humano, no lo anteriormente citado.

Dentro de lo que se considera factor ultraterrestre, aparición cósmica o regalo del más allá, encontramos factores que engloba distintas facetas que el hombre ha etiquetado, investigado y desarrollado mediante la extensión de un mundo oscuro a modo de apéndice; lo que en realidad activa la capacidad para creer en lo paranormal se considera prohibido en la cuadrícula que ha construido el reparador del argumento bizarro (humano etiquetando ciñéndose a su propia realidad, la que él considera humana) mediante el relato exento de pruebas. El 95% de pruebas pueden llegar a ser reales, pero el 5% restante conforman la llave de paso al conocimiento omnisciente. Jacques prefirió tomar la pastilla roja en forma de dulce caramelo, atractiva al niño que sigue siendo a pesar del avance del tiempo; única salida al problema de salud que lo atormentó durante los primeros años de su vida.

El relato siempre es el mismo; llave que accede a la mentira que nunca se cuenta para ocultar la verdadera realidad. La Mentira viste como platillo volante. El engaño divaga en torno a los estamentos que conocemos. Escritura automática en modo ON. Seres de ojos rasgados provenientes del espacio. Mi realidad es una mujer atravesando una puerta. Tiene el cabello rizado. Voy a activar el modo automático.

Sentado en la parte más oscura de la mente se encuentra el niño que sigue siendo ahora, que busca algo en la parte abandonada de una casa medio derruida por el abandono; la creatividad coge mucho polvo con los años y sufre una derrota en la vida limitada al material que envuelve su alma (consultar como afecta la aceleración del sistema nervioso en pacientes de estrés). Cuando lo encuentra, alguien o algo lo encuentra a él y se hace notar mediante un movimiento de sombras detrás de la puerta. Aquella puerta. Es de nogal y sigue perteneciendo al resto de la casa, aunque esté violada por la podredumbre. Lo sé porque alguien cree que sigo pensando en el relato verdadero; esa pieza del puzle que forma parte de algo tan frecuente que queda profundamente asumida. La irrealidad, los hechos extraños forman parte del ser humano, por eso algunos podemos seguir viviendo con el alma tranquila a pesar de ser aquel niño que vio algo hace mucho tiempo. La sombra vuelve a esconderse tras la puerta cuando el joven hace mover la hoja de madera y entonces lo extraño toma un relieve solo conocido por uno mismo, puesto que el concepto de lo real toma distintas formas y significados. Siempre. De ahí que la razón sea algo difícil de definir. De ahí que la mujer atraviese la puerta para mostrar algo parecido a la rabia. ¿Cómo puede algo proveniente de lo oculto, saber lo que significa el sentimiento de furia tal como nosotros lo conocemos? ¿No estamos viéndolo todo desde un prisma demasiado humano? Muchos lo ven como un rayo cegador y difuso, el niño (quien escribe estas líneas), la ve como un caballo libre de ataduras físicas.

El movimiento de sus piernas no le deja completar el espectáculo; huye demasiado rápido para ver como la mujer vuelve a ocultarse durante veinte años más, quizá esperando la vuelta del niño intruso. La conexión entre ser ultraterrestre y ente espiritual se conecta en la mente mediante la sensación de lo vivido; aquello que vio se rodeó del fenómeno que Ligotti llama experiencia de lo extraño. La sensación que el niño padeció estaba muy alejada de los términos usados con palabras. Pregúntaselo de nuevo. Construye la pregunta adecuada a quien escribe estas líneas para saber la verdad. El niño es consciente de lo que dice. Lo sabe de la misma manera que existen los presentes símbolos que te ayudan a comprender la idea que gira en torno a todo esto.

Una vez se ha liberado al monstruo que ciñe con alambre de espino las convenciones que se conocen por realidad, la escritura automática deja de serlo para dar la bienvenida a la razón (la individual, la que se aleja de los conceptos gregarios), y seguir con el relato de Jacques Bordas y el tipo que le regaló oro. Años más tarde de recibir aquel obsequio, y debido al agradecimiento del ser ultraterrestre, Jacques vendió las piedras doradas y sacó algo de dinero. Se convirtió en un buen ebanista y siguió con su vida, escondiendo la experiencia en el cajón del tiempo indefinido. Hasta que otro Jacques, en este caso el investigador del “panfletismo” ovni, Jacques Vallée, se entrevistó con él en un hotel de Barcelona, revelando así la extraordinario experiencia del ebanista y aventurero montañés (fue el primer español en subir la Aiguille Verte en 1934).

En una de las conversaciones entre Bordas y el ser que le regaló el oro, revelada por el investigador Vallée, el ente afirmó: “El hombre se considera a sí mismo como la única criatura importante de la Tierra, ignora el hecho de que no es más que un elemento de la evolución natural. A pesar de que por su orgullo ilimitado, y el poder que les otorga sobre otras especies, eso que ellos llaman raciocinio, creen que son los únicos que han evolucionado, hay muchas otras especies que también están sufriendo grandes cambios y que llegarán a reemplazarlos con el paso del tiempo. Incluso vuestros niños se están transformando: cambiarán todo, vuestra estructura social, vuestra religión,…”

Cuando la escritura automática vuelve a activarse justo en el momento presente, el niño que vio a la mujer atravesando la puerta recuerda, años más tarde, oye como alguien grita su nombre en su propio dormitorio. Cuando cierra el ojo hipnótico que lo invita al otro lado del espejo dentro de su mundo onírico, descubre que no hay nadie en la habitación, guardando la experiencia como algo muy común, siendo lo extraño algo que puede llegar a convertirse en arte mediante el uso de la palabra. El puzle se completa al aceptar que, y citando de nuevo a Ligotti, “la experiencia de lo extraño es un hecho inexorable y fundamental en nuestra vida”. La aceptación de dicha experiencia convierte al niño en algo parecido a lo que grabó para siempre en la mente de Bordas aquel ser proveniente de, ¿las estrellas?

El todo que conforma lo extraordinario, toma distintas formas para, así, encajar de algún modo en la mente humana sin afectar sus viejas y establecidas creencias, pero, ¿qué ocurre cuando estas verdades auténticas fluctúan a través de la mentira? La respuesta toma forma en el propio relato, en la ficción de lo extraño que se sustenta por viejas creencias que provienen de la verdad. ¿Vio el niño que habita en la mente de quien escribe estas líneas, un auténtico espíritu? ¿O en realidad vio lo que aquello que habita en el Universo quiso que él viera? La trampa está servida, de nuevo, en la trastienda de lo inusual. Jacques Bordas estaría de acuerdo.